Una simple coma, de Caryanna Reuven

#LeoAutorasOct | Un día, un relato | Día 21

Foto de Filippo Ascione para Unsplash

Hacía meses que a Lesego le costaba concentrarse. Salía cada mañana para ir a su trabajo en el centro de Durban y apenas lograba prestar atención al trayecto, hasta tal punto que solía saltarse su parada. Pero llegar tarde a la oficina casi cada día no era lo peor. Lo peor eran el agotamiento, el cansancio mental constante y la incapacidad de pensar con claridad que la llevaba a cometer error tras error en la contabilidad del banco.

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El móvil de viento, de Andrea Penalva

#LeoAutorasOct | Un día, un relato | Día 20

Foto de Linh Pham para Unsplash

Julie apretó con fuerza la pequeña caja de cartón entre sus diminutas manos. Insegura, pasó las uñas de la mano derecha, veteadas con los restos supervivientes del esmalte rosa favorito de su madre, por los agujeros de la tapa. Algo dentro se movió y la niña se mordió el labio, dos mitades dentro de ella luchaban por salir vencedoras.

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Hambre, de Esther Rodríguez Bernal

#LeoAutorasOct | Un día, un relato | Día 19

Hambre. Tenía hambre. Había sido un día duro en la oficina. El estrés le comía las entrañas y, tras acabar un plato de verduras con cuscús que había dejado preparado para almorzar, abrió el congelador y sacó una pizza cuatro quesos que se reservaba para días como estos, en los que el trabajo incesante la había dejado sin energía. La pizza y el cuscús le supieron a poco y decidió comerse las sobras de la paella del lunes, que guardaba para un caso de emergencia; estaban deliciosas, aunque frías. Una vez el plato quedó vacío, sus tripas volvieron a quejarse. Armario por armario, fue devorando todo alimento que había en la cocina. Latas de conserva, patatas de bolsa, pepinillos en vinagre. El hambre seguía allí carcomiéndola por dentro. Continuó con la despensa hasta que ya no quedó absolutamente nada en casa. ¿Y ahora qué podía hacer? Seguía teniendo hambre.

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Tiene que ser esta noche, de Blanca Rodríguez

#LeoAutorasOct | Un día, un relato | Día 18

Foto de Anton Scherbakov para Unsplash

La silueta de su figura, alta y delgada, se mueve a contraluz tras las cortinas, apareciendo y desapareciendo en el marco de la ventana mientras se prepara para marcharse a trabajar al hospital. He pasado tantas horas esperando, observando, fantaseando. Imaginando sus grandes ojos oscuros mirándome con terror, implorando por su vida. Su boca, siempre tan roja, abierta, buscando inútilmente la súplica y el aire mientras le aprieto cada vez más el delicado cuello, dejándole en la piel las marcas amoratadas de los dedos. Esa piel tan pálida, translúcida y blanca como el mármol, no lechosa como la de las pelirrojas llenas de pecas que tanto detesto. No, ella es perfecta en su hermosura fría y lánguida, y tiene que ser mía. Más allá de la amistad o el amor. Mía en la muerte.

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Economía sumergida, de Irene Morales García

#LeoAutorasOct | Un día, un relato | Día 16

Foto de Cristian Palmer para Unsplash

Petra llevaba toda su vida fastidiada por llamarse Petra.

Quizá porque todas sus amigas se llamaban Carmen, o porque el chico que le gustaba no acababa de pronunciar bien su nombre, o quizá porque habían llamado a su hermana mayor Azucena y tenía la ligera sospecha de que su madre se había currado el nombre de su hermana, pero no el suyo. «No sé, lo eligió tu padre», decía siempre.

La bicicleta temblaba entre sus muslos y contuvo el deseo infantil de abrir la boca para escuchar cómo su voz tiritaba bajo los botes de los más que gastados adoquines. Tuvo que tomar un par de desvíos, porque era día de mercado medieval y sus vecinos ya empezaban a salir a la calle vestidos con horribles trajes de terciopelo verde y granate. El cetrero le guiñó un ojo, como cada año:

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Una deuda elemental, de Eleazar Herrera

#LeoAutorasOct | Un día, un relato | Día 14

Foto de Jack Robinson para Unsplash

Aquella, estaba segura, era la última vez que confiaba en un alquimista.
«¡Y yo qué sabía!», me habría gritado si supiera que estoy contando su historia, pero en aquel momento Cristal se miraba al espejo, horrorizada con su nuevo aspecto. Aquella mañana había caminado hasta el pueblo con la esperanza de ser la primera en llegar a la Cueva de Rubedo, que no era sino un nombre algo excéntrico para una peluquería en medio del bosque. Se decía que el peluquero tuvo un pasado entre la vida y la muerte y que prefirió dejarlo antes de que los cambios de humor le llevaran a quedarse para siempre en el lado incorpóreo. La rumorología es como la niebla: te deja agotado y nunca estás seguro de si lo que estás viendo es real. Pero quizá el cotilleo es lo único que la gente de castillo tiene en común con sus súbditos.

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AVISO IMPORTANTE. Debido a los festivos relacionados con la Semana Santa, los pedidos que se efectúen a lo largo de esta semana pueden tener un retraso en su entrega de incluso 7 días. Por lo que, el tiempo estimado de entrega que, habitualmente, es de entre 3 y 7 días laborables, puede verse incrementado a entre 10 y 15 días laborables. Lamentamos mucho los inconvenientes que esto pueda ocasionarle y estamos deseando volver a la normalidad. Gracias. Descartar