«María Luisa Bombal. A través de los entrecerrados ojos de la muerte», por Maielis González

Con motivo de la convocatoria de realismo mágico que hemos convocado hace tan solo unos días, y cuyas bases podéis encontrar pinchando aquí, hemos preparado una serie de artículos con el sano y noble propósito de crear hype y, de paso, ayudaros a entender de qué hablamos cuando decimos «realismo mágico», sus precedentes, sus obras destacadas y aquellas injustamente olvidadas, y todo lo necesario para poder afrontar esta antología con fuerza, ímpetu y ganas de vivir. Que aproveche.

 

Y luego que hubo anochecido, se le entreabrieron los ojos. Oh, un poco, muy poco. Era como si quisiera mirar escondida detrás de sus largas pestañas.

A la llama de los altos cirios, cuantos la velaban se inclinaron, entonces, para observar la limpieza y la transparencia de aquella franja de pupila que la muerte no había logrado empañar. Respetuosamente maravillados se inclinaban, sin saber que Ella los veía.

Porque Ella veía, sentía.

Fragmento de «La amortajada», de María Luisa Bombal

 

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Cachava y boina, folk horror y realismo mágico. Tres caras de la misma moneda, por Juanma Santiago

Con motivo de la convocatoria de realismo mágico que hemos convocado hace tan solo unos días, y cuyas bases podéis encontrar pinchando aquí, hemos preparado una serie de artículos con el sano y noble propósito de crear hype y, de paso, ayudaros a entender de qué hablamos cuando decimos «realismo mágico», sus precedentes, sus obras destacadas y aquellas injustamente olvidadas, y todo lo necesario para poder afrontar esta antología con fuerza, ímpetu y ganas de vivir. Que aproveche.

Imagen de Andrea Boldizsar (@andreaboldizsar) para Unsplash

Como señala Juan Jacinto Muñoz Rengel en el prólogo de Perturbaciones. Antología del relato fantástico español actual (Salto de Página, 2009), lo fantástico construye un contexto real y cotidiano para señalar la excepción al funcionamiento de nuestro universo, mientras que el realismo mágico las considera algo normal y las naturaliza. Lo fantástico apunta directamente a aquello que transgrede nuestro mundo real, mientras que el realismo mágico lo integra. No es una mala definición, porque ayuda a entender no solo el realismo mágico literario latinoamericano, desde los paradigmáticos Gabriel García Márquez, Juan Rulfo, Isabel Allende o Laura Esquivel hasta los también evidentes pero poco mencionados Horacio Quiroga, Miguel Ángel Asturias o Arturo Uslar Pietri, sino también el que se cultiva en otros ámbitos geográficos y literarios: William Faulkner, Milan Kundera y Günter Grass, como señala Maielis González en el texto de la convocatoria de esta antología, y además Toni Morrison, Salman Rushdie, Angela Carter, Graham Joyce o Italo Calvino. (Incluso, si aceptamos a Jorge Luis Borges como perpetrador del subgénero, lo cual es harto discutible, tendríamos que meter en el mismo saco a Danilo Kiš, Rhys Hughes o Joan Perucho.) Asimismo, nos permite definir como genuino realismo mágico la serie televisiva Doctor en Alaska. Pero ¿en qué lugar deja esa definición el realismo mágico español? Es más, ¿puede hablarse de realismo mágico español? ¿En qué se diferenciaría de la cachava y boina?

Por resumir mucho, la pulsión de normalizar lo fantástico e integrarlo en la vida cotidiana, que sería la definición del realismo mágico tal como lo entiende Muñoz Rengel, hace que la obra del gallego Álvaro Cunqueiro entre de lleno en esta etiqueta, con esos monumentos literarios que son Merlín y familia y Las mocedades de Ulises. El Alfanhuí de Rafael Sánchez Ferlosio también podría encajar en la etiqueta, e incluso Obabakoak, de Bernardo Atxaga. ¿Caperucita en Manhattan, de Carmen Martín Gaite? Hummm, no estoy seguro, pero se podría debatir al respecto. Siendo estrictos, todas ellas deberían compartir un territorio mítico, un tono elegíaco reivindicativo de las raíces locales, una ambientación rural y, sobre todo, la convivencia de lo realista con lo fantástico. Podemos tener los tres primeros elementos (o dos de ellos, caso de la obra citada de Martín Gaite), pero, si no existe un elemento fantástico que conviva en armonía con la nueva realidad que ha creado, todo lo que tendremos es la Región de Juan Benet o el León de Julio Llamazares: espacios míticos rurales de una fuerza narrativa formidable, pero, definitivamente, narrados en clave realista no mágica.

Hay que insistir en que el realismo mágico no es la única literatura fantástica que se vale del elemento rural. Cierto es que Amanece, que no es poco tiene muchos elementos del realismo mágico, y, en ese punto, no son casuales ni la referencia a Luz de agosto de Fúlkner ni la presencia de sudamericanos que unos días van en bici y otros huelen bien. Valga como ejemplo la escena de las rogativas en la plaza del pueblo. En un momento dado, comienza a llover arroz de Calasparra: Dios ha oído las estrambóticas súplicas de los lugareños. La dinámica de este episodio es la misma que las de los capítulos de Cien años de soledad en los que llueve sobre Macondo durante cuarenta días y cuarenta noches y, poco después, sobreviene una sequía de cinco años. La naturaleza, arbitraria hasta el extremo de parecer guiada por un Dios justiciero (las connotaciones bíblicas y religiosas son evidentes), irrumpe con un elemento que casi podríamos considerar antinatural, pero lo hace no desde la extrañeza, sino desde la normalidad: en el universo de José Luis Cuerda es normal que llueva arroz (aunque no siempre de Calasparra), igual que en el de García Márquez lo es que a un diluvio bíblico le suceda una sequía apocalíptica o en la canción de Juan Luis Guerra que llueva café en el campo y caiga un aguacero de yuca y té. De los hombres que brotan en los bancales ya se ha hablado en la convocatoria; ese episodio podría tener su correlato en la progresiva disminución de tamaño de Úrsula Iguarán en Cien años de soledad. Nuestras reglas no son válidas en Macondo o en un pueblo albaceteño cualquiera, pero hemos suspendido la incredulidad: allí son normales, no pueden ser de otra manera. Y este es un matiz importante, como veremos en el siguiente párrafo.

Garcinuño. Escena de «Amenece que no es poco», de José Luis Cuerda

El realismo mágico es más bien una cuestión de enfoque, de dónde hayamos trazado los límites de nuestra suspensión de la incredulidad. La misma coartada argumental puede dar lugar a una historia de realismo mágico, fantasía o surrealismo. Imaginemos, por ejemplo, que a nuestro pueblo o nuestras costas llega un ser sobrenatural. Podemos aceptarlo como algo cotidiano e integrarlo en la vida local, caso del ángel de «Un señor muy viejo con unas alas enormes», de Gabriel García Márquez. Pero también podemos buscar respuestas trascendentales e integrar la anécdota en una trama de repercusiones mundiales y nietzscheanas, caso de Remolcando a Jehová, de James Morrow, en la que Dios ha muerto y un superpetrolero lo remolca hasta el Ártico para conservar el cadáver en buen estado. Por último, podemos valernos de la presencia de un gigante del tamaño de una ballena para trazar una metáfora en clave fantástica de la codicia y depredación humanas, una relectura de Los viajes de Gulliver de Jonathan Swift que insiste además en el deterioro progresivo del cuerpo hasta su cosificación y en bombardearnos con imágenes extraídas directamente de nuestro cerebro reptiliano: es lo que hace J. G. Ballard en «El gigante ahogado». Queda claro, pues, que, pese a tener elementos comunes, estas tres historias están adscritas a géneros diferentes, debido a su enfoque y sus motivaciones: García Márquez la narra en clave de realismo mágico, Morrow se decanta por la fantasía de altos vuelos y Ballard la convierte en una de sus habituales idas de olla surrealistas.

Aplicado este razonamiento a la cachava y boina, cabe decir que esta no se limita a la irrupción del elemento fantástico, con unas reglas propias que se adueñan de lo que consideramos normal, pues, como ya hemos dicho, esta es la seña de identidad del realismo mágico. De hecho, tal como se explica en la convocatoria, ni uno solo de los veinte relatos de No son molinos entra de lleno en esta definición (si acaso, la premisa de «Temblores», de Cristina Jurado), pero todos ellos son cachava y boina. Algo similar sucede con la antología fundacional de la cachava y boina, los Cuentos fantásticos de la España profunda seleccionados por José Miguel Pallarés: de sus siete relatos, tal vez solo «Ritos», de Elia Barceló, se acerca algo al realismo mágico, aunque tal vez sea más correcto considerarlo un ejemplo de Folk Horror, por recurrir al subgénero de moda en el cine de terror que se va a convertir en el tercer leitmotiv de este artículo: las concomitancias con Midsommar de Ari Astel o El hombre de mimbre de Robin Hardy son bastante evidentes, lo que también convertiría en Folk Horror uno de los clásicos del cine español de cachava y boina y de terror rural: ¿Quién puede matar a un niño?, de Narciso Ibáñez Serrador. El Folk Horror, además, es una etiqueta relativamente recién acuñada que en principio se refería a películas británicas con elementos neopaganos y ancestrales, prerromanos en todo caso, pero en la actualidad se ha extendido también a cierto tipo de cine australiano (la magistral Picnic en Hanging Rock, de Peter Weir) e incluso a algunos filmes españoles como La hora bruja, de Jaime de Armiñán. El concepto clave del Folk Horror es el bosque como elemento ancestral, la vuelta a la Edad Media, el neopaganismo y la brujería. Mucha de la cachava y boina que tomamos por tal podría considerarse Folk Horror a la luz de su cada vez mayor implantación (léase el cuento ya citado de Elia Barceló), pero casi ninguna de ella coincide, a su vez, con la cachava y boina que tiene elementos de realismo mágico. Podemos discutir largo y tendido acerca de si Amanece, que no es poco es cachava y boina o realismo mágico (spoiler: tiene elementos de ambas, y también del surrealismo), pero queda fuera de toda duda que no es Folk Horror. Asimismo, ¿Quién puede matar a un niño? podría interpretarse como cachava y boina o como Folk Horror, pero en ningún caso es realismo mágico. El laberinto del fauno tendría elementos de las tres variantes, y tal vez de los próximos tres o cuatro subgéneros del fantástico que se nacerán oficialmente en los próximos años aunque aún no nos hemos tomado la molestia de definirlos.

Fotograma de «Quién puede matar a un niño», de Chicho Ibáñez Serrador, que en paz descanse.

En el fondo, el problema es que hay demasiados vasos comunicantes como para hablar de subgéneros puros, pero la idea básica es que el realismo mágico, en su acepción original, solo o casi solo puede adscribirse al género de la fantasía (salvo que hayan ustedes leído Camino desolación, de Ian McDonald, o La ley del amor, de Laura Esquivel, en cuyo caso queda claro que se puede escribir buen realismo mágico desde la ciencia ficción), mientras que el Folk Horror es solo eso, horror, y la cachava y boina admite lecturas en clave de fantasía, ciencia ficción, terror, surrealismo… y realismo mágico. En este punto, debo precisar que un género o un subgénero solo viene dado por ciertas pautas generales, que pueden pervertirse, complementarse o trascenderse. La cachava y boina de Cuentos fantásticos de la España profunda (2003) parecía mucho más limitada temáticamente que la nueva cachava y boina que se ha podido leer a raíz de No son molinos (2017). Los lectores y escritores han evolucionado, se ha producido un recambio generacional, existen nuevas influencias y, como resultado, los relatos de la antología de Cerbero muestran un abanico temático y de géneros mucho más variado que los de la antología fundacional de Grupo AJEC. Cabe suponer que con la convocatoria de esta antología de realismo mágico sucederá algo similar: una vez aclarado que se están buscando relatos adscritos sin duda al realismo mágico (realismo aparente, elemento fantástico, percepción cotidiana de este, entorno rural y alejamiento de los gustos de la élite), las combinaciones de estos elementos pueden dar lugar a relatos verdaderamente innovadores que lleven el realismo mágico hasta donde pocos podríamos sospechar.

Porque, a fin de cuentas, el elemento fantástico (y esto incluye el realismo mágico) de la cachava y boina es solo uno de los tres pilares en los que esta se sustenta; los otros dos son la España profunda (cuanto más vacía y negra, mejor) y las leyendas populares (prerromanas, templarias, musulmanas o extraterrestres, tanto da). Para que haya cachava y boina tienen que darse esos tres elementos, de ahí que Amanece, que no es poco tenga elementos de realismo mágico como los ya expuestos, pero sea algo más que realismo mágico, pues, si se eliminaran los hombres que brotan de los bancales y el arroz de Calasparra que cae del cielo tras las rogativas en la plaza del pueblo, toda la parafernalia que nos queda es inequívocamente de cachava y boina. Como ya hemos visto, otro tanto podría suceder con El laberinto del fauno. Sin embargo, ¿Quién puede matar a un niño? no admite ningún elemento de realismo mágico, y sí muchos de terror y Folk Horror.

Estoy dejando para el final el único espacio mítico español creado con la intención declarada y premeditada de convertirse en un marco de relatos de realismo mágico: la Umbría de Elia Barceló (El secreto del orfebre y El vuelo del hipogrifo) y César Mallorquí (Leonís). Barceló y Mallorquí idearon (junto con Julián Díez y Armando Boix) esta comarca ambientada en una Cantabria soñada precisamente para ambientar en ella historias de realismo mágico digamos norteño. Poco antes, José Luis Rendueles había urdido las Historias de Comarca, pero basándose en Asturias. De la Obaba de Bernardo Atxaga ya hemos hablado; es un trasunto de un pueblo de Euskadi. La Galicia de los relatos de Alejandro Carneiro no está muy lejos de la de Álvaro Cunqueiro, Manuel Rivas, Anxel Fole, Wenceslao Fernández-Flórez o la «Balada por la luz perdida» de Juan García Atienza, que tiene más de cachava y boina y terror lovecraftiano (Folk Horror, a fin de cuentas) que de realismo mágico, pero podría encajar en el subgénero. Curiosamente, todos estos espacios míticos están ambientados en el norte de la península Ibérica. ¿Convierte eso al realismo mágico español en una sucursal no declarada del Folk Horror con raíces celtas? No del todo, porque José Miguel Pallarés ya lo había intentado con el Maestrazgo, pero podría ser una pista valiosa para las autoras deseosas de buscar su propio espacio mítico de realismo mágico. La pregunta es obligada: ¿quién dijo que Castilla tenga que ser realista a lo Miguel Delibes y Galicia realismo mágico a lo Álvaro Cunqueiro? No son molinos respondió en clave de cachava y boina, con resultados muy satisfactorios; veamos qué respuestas leemos en clave de realismo mágico.

No sé si estas líneas aclararán ideas al lector o si, por el contrario, aumentarán su confusión terminológica. En todo caso, la idea central es que el realismo mágico, el Folk Horror y la cachava y boina pueden coexistir, pues esta última lleva aparejada la existencia de la primera en su propia definición, pero son tres manifestaciones literarias completamente autónomas, cada una de ellas con una intencionalidad diferente. Lo cual, ni que decir tiene, no las convierte en excluyentes: se pueden escribir relatos de realismo mágico con elementos de cachava y boina o de Folk Horror, al igual que se pueden escribir desde la perspectiva de género (¿qué otra cosa era Como agua para chocolate?), el enfoque crítico con el sistema socio-político-económico (hola, Isabel Allende y Miguel Ángel Asturias), la búsqueda de marcos temporales o geográficos diferentes (y aquí caben desde los aviones de la Segunda Guerra Mundial en la campiña inglesa, caso de Los hechos de la vida de Graham Joyce, hasta la turbulenta historia de la India desde su independencia, como en Hijos de la medianoche, de Salman Rushdie), el protagonismo a o la búsqueda del acento en colectivos minoritarios y no normativos (¿puede alguien que haya leído a Ben Okri afirmar que el afropunk no es una manifestación más del realismo mágico?). Al igual que sucede en Comala o en Macondo, todo es posible si se sabe interpretar la realidad con ojos de realismo mágico. Basta con mirar a nuestro alrededor.

CONVOCATORIA ANTOLOGÍA REALISMO MÁGICO

Imagen de @korpa para Unsplash

Editorial Cerbero se complace en convocar la que será su última publicación de este 2019, que saldrá a la luz en diciembre. El tema escogido para este compendio de relatos será el realismo mágico, entendiendo este como un género en sí mismo, con características definitorias propias y suficiente entidad en sus rasgos como para ser independiente al movimiento homónimo. Para tal fin, sirvan las siguientes

 

BASES

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ATENCIÓN ANTOLOGÍA

Editorial Cerbero se complace en convocar una nueva antología para traer a la palestra un tema de vital importancia: el humor. Escrito por mujeres. Todo el mundo sabe que hoy en día no se pueden hacer chistes con nada, que todo el mundo se ofende con todo y que las mujeres no tienen maldita la gracia. Bueno, todo el mundo sabe que todo esto es mentira, queremos decir, pero son frases recurrentes que nos tenemos que encontrar, por desgracia, a diario. Con esto en mente y con el deseo habitual de presentar propuestas diferentes para poner nuestro granito de arena a hacer las cosas de otra manera, nace la idea de la Antología Sopa de Pollo de Goma para el Alma.

¿QUIÉN PUEDE PARTICIPAR?

Mujeres. Queremos mujeres que escriban, independientemente de dónde se encuentren y la edad que tengan (ya sabes, si eres menor de edad necesitarás autorización de madre/padre/tutora legal). Queremos mujeres que escriban relatos de género fantástico (ciencia ficción, fantasía o terror) en clave de HUMOR. Queremos reivindicar la literatura de humor y queremos decirle al mundo que hay muchas y muy buenas autoras que se atreven con este complicadísimo género.

¿QUIÉN SELECCIONA ESTA LOCURA?

Tenemos la suerte, el privilegio y el orgullo de contar con dos seleccionadoras de lujo para esta antología. Dos personas que van a darlo todo para seleccionar los TRECE relatos que conformarán «Sopa de pollo de goma para el alma». Ellas son Raquel Froilán y Almijara Barbero. Por favor, aplaudan como locas. Nosotres lo estamos haciendo. De hecho, para que quede claro clarinete lo que Almijara y Raquel quieren de vosotras, os dejamos con un comunicado que han preparado para la ocasión:

Durante mucho tiempo, la palabra latina «humor» se usó en el ámbito médico. En el siglo XVI, el término aparece ligado a la «comicidad». En el XIX, se entenderá como el atributo por excelencia de la extrema libertad del creador. Más tarde, adquirirá un significado abstracto relativo a las contradicciones del ser humano. Hacia el siglo XX, lo que se señala es su carácter mixto, que incluye, además de la risa, otros sentimientos de afecto y, junto a lo cómico, lo patético, junto a la parodia, lo subversivo, junto a lo crítico, lo ridículo.

En definitiva, el humor es variable, versátil y contextual. Y es que, desde la Batracomiomaquia hasta La felicidad de los ogros, pasando por Gargantúa y Pantagruel, Los viajes de Gulliver y las Aventuras, inventos y mixtificaciones de Silvestre Paradox es innegable que una de sus características más identificativas es la mutabilidad porque ¿qué tienen en común Homero, Rabelais y Pío Baroja? Son hombres y son humoristas, lo que parece indicar que otra de sus características identificativas innegable es que el humor lo escriben señores con bigote.

¿Y las mujeres? Las mujeres no son graciosas, dicen. La risa es lo que nos diferencia de los animales, dicen. ¿Dónde nos deja eso? ¿Qué pasa al poner esas dos afirmaciones juntas y compararlas?

Dentro del género los referentes masculinos están claros: Brown, Sheckley, Adams, Moore, Fforde y, por supuesto, Pratchett. Es mucho más difícil encontrar un consenso similar cuando se trata de escritoras y no, precisamente, por la escasez de ellas. Connie Willis, Lois McMaster Bujold, Ursula Vernon, Diana Wynne Jones, Jo Walton, Angélica Gorodischer, Sofía Rhei, Laura Fernández, Gail Carriger o Catherynne M. Valente dan buena cuenta de ello. A pesar de escribir humor, no se las cataloga como tal porque, cuando las mujeres escriben humor, se clasifica de «comedia romántica», «chic lit», «literatura juvenil» o, como mucho, se apunta un breve comentario en la sección de blurbs que describe la ironía o sagacidad del texto. Así es que el problema no es, realmente, que «las mujeres no escriben humor», es que cuando lo hacen no se las reconoce.

En el ámbito de la ciencia ficción en español, a menudo «se olvida» que uno de los primeros relatos humorísticos, Gu ta gutarrak, lo escribió Magdalena Mouján Otaño, una argentina de origen vasco, en 1968. Una historia divertidísima de viajes en el tiempo que fue censurada por el franquismo cuando se publicó aquí debido a que, y no es broma, atentaba contra la unidad de España.

Porque tal y como apunta Regina Barreca en la introducción a Last Laughs: Perspectives of Women and Comedy, «humor is a weapon», un arma que las mujeres han esgrimido desde siempre, bien para criticar el sistema del que forman parte, bien como medio para definirse; las mujeres siempre han contado chistes, otra cosa es que se las oiga.

Y por eso, porque queremos leeros, porque sabemos que podéis escribir en un relato lo que ya escribís en twitter ¡de gratis!, nos parece necesaria una antología como esta. Estamos rodeadas de mujeres graciosas que puede que no den el salto a la literatura de humor por falta de espacios donde publicar, de convocatorias específicas. No de ganas.

Queremos relatos de humor de todo tipo que se encuadren en el género fantástico, en todas sus variantes: ciencia ficción, fantasía y terror. Queremos carísimos chistes feministas en el espacio, parodias fantásticas y humor zombi con mucha casquería. Queremos fino comentario social y comedias románticas con dragones.

Queremos saber cuáles son los límites del humor cuando se escribe desde los márgenes. Cómo es la comedia cuando no la escriben señores con bigote.

Almijara Barbero y Raquel Froilán

¿QUÉ QUEREMOS?

  • Relatos de entre 3000 y 10000 palabras, de ciencia ficción, fantasía o terror, en clave de humor.
  • Los relatos tienen que ser INÉDITOS, no habiéndose publicado de ninguna manera con anterioridad. Ni papel, ni digital, ni en la web de tu primo, ni en tablillas de barro, ni nada de nada. Inéditos.
  • Escritos por mujeres.
  • Cada autora puede presentar cuantos relatos quiera. Aunque, ya se sabe, siempre será mejor presentar uno muy bueno que 42 que, bueno, tú sabes.
  • Hay que enviarlos a antologia@editorialcerbero.com, desde hoy hasta el día 1 de abril de 2019 a las 23:59 horas (hora peninsular española).
  • En un plazo no superior a un mes, las seleccionadoras anunciarán los relatos escogidos, que se publicarán en un libro precioso en julio de 2019. Por supuesto, las autoras contarán con contrato editorial y todos sus avíos habituales.
  • De entre los 13 relatos, las seleccionadoras escogerán uno, que será el ganador de esta convocatoria. A su autora se le dará, como premio, un abrazo y un pollo de goma.
  • Las autoras no mantendrán correspondencia con las participantes, porque, de hecho, ni siquiera recibirán directamente los relatos, sino que todo se hará bajo un férreo sistema de plica que explicamos a continuación:

¿CÓMO FUNCIONA LA PLICA?

  • Vosotras enviáis los relatos a antologia@editorialcerbero.com. El mail donde los enviéis debe contener:
  1. Un archivo que contenga el relato, en word. Nos da igual la fuente y el interlineado y esas cuestiones de mortales. El archivo debe tener el mismo nombre que el título del relato. NADA MÁS.
  2. Otro archivo en word con vuestros datos personales: Nombre, apellidos, pseudónimo (de tenerlo) con el que os gustaría publicar, mail y teléfono. En caso de ser menor de edad, también es necesario que adjuntéis autorización firmada. Es necesario foto o fotocopia del DNI por ambas caras, dentro de este mismo archivo.
  3. En el asunto: ANTOLOGÍA POLLO DE GOMA
  4. En el cuerpo del mensaje: lo que queráis, las seleccionadoras no lo van a leer.
  5. NADA MÁS.

 

  • Nosotres recibiremos los relatos y, uno a uno, os daremos el acuse de recibo. Luego cogeremos esos textos, los pondremos todos iguales (en fuente y estilo visual) y se los mandaremos, limpios de metadatos, a Raquel y Almijara.
  • La participación en esta antología implica la aceptación de todas estas bases.

 

Hala, mucha suerte. Esperamos de buen humor vuestras propuestas

CONVOCATORIA ANTOLOGÍA ACTOS DE F.E. 2018

Editorial Cerbero se complace en convocar la primera edición de la antología «ACTOS DE F.E.*», la correspondiente al año 2018.

Queremos encontrar una aplicación práctica a todas esas cosas que se os pasan por la cabeza. Queremos que vuestras palabras sirvan a un propósito superior. Queremos que nos ayudéis a cambiar el mundo. Y para eso, necesitamos vuestros relatos. Sirvan para ello las siguientes…

BASES:

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AVISO. Durante el mes de agosto algún envío puede llegar a casa un poco retrasado. Esto es debido a que, para eliminar los gastos de envío, vuestras compras van por correo ordinario y en verano Correos funciona un poco regular por las vacaciones, sustituciones y demás. Lamentamos mucho las molestias. Gracias. Descartar