Cincuenta sombras mágicas

Un muchacho muy apuesto y pizpireto, con las mejillas coloradas por su extrema timidez, sostiene un pergamino larguísimo que se eleva y se mueve por todo el dibujo, demostrando que es muy, muy, muy largo. A su lado, une muchache rubie, guapísime, lo mira con arrobo sujetando una pluma mágica.

Cincuenta sombras mágicas

Cubierta de Stefani Grahu

 

a 13 de Ekaina de 760DA

REUNIDOS

 

De una parte como mamu:

Don Lord Albóndiga, con existencia en el plano ☠☣☢ ☠ ツ.

 

Y de otra parte como deitzaie:

Don Argi Lizasoain, con existencia en el septuagésimo séptimo plano humano-mágico durante el periodo temporal 735DA – 995DA.

INTERVIENEN

 

 

Los comparecientes, en las calidades con que actúan, reconociéndose la capacidad legal necesaria para formalizar este contrato privado de relación siervo-amo…

DON ARGI: ¡¿Relación siervo amo?!

DON ALBÓNDIGA: Sí, claro. Es el término estándar.

El deitzaie se muerde el labio. Se muestra abiertamente avergonzado y dudoso ante el presente contrato. Comprueba si algún otro de los comensales del restaurante está prestando atención a los acontecimientos que se desarrollan a pocos metros de ellos.

Negativo.

El deitzaie me señala con contundencia.

D. ARGI: No… Yo… Este texto de aquí, no… ¡No estoy avergonzado ni dudoso, lo juro!

El deitzaie miente.

D. ARGI: No, no… Si yo no… ¡Si yo no miento! ¡En serio!

El deitzaie miente de nuevo.

El mamu hace contacto físico con el deitzaie. Mano izquierda sobre hombro derecho.

D. ALBÓNDIGA: No te preocupes, Argi. Ni siquiera tenemos por qué usar el pergamino secretario, de verdad. Es una formalidad estúpida.

D. ARGI: No, no.

El deitzaie vuelve a fijar la mirada en mí, documento oficial más que necesario para la creación y firma de contratos estándar, en absoluto formalidad estúpida.

D. ARGI: He sido yo quien ha pedido hacer esto de forma oficial, lo que… Lo que no quita que… Bueno. Un pergamino mágico observando y narrando lo que hacemos a tiempo real me incomoda un… Poquito. Un poquito bastante…

D. ALBÓNDIGA: Estas cosas no son infalibles, Argi. Tampoco le hagas mucho caso a las descripciones, no son más que un registro aproximado.

El mamu también miente. Sí soy infalible. He sido empleado durante eones para guardar registro totalmente objetivo del proceso de confección y firma de contratos entre cientos de mamus y deitzaies. Ninguna de las partes ha puesto jamás una sola pega sobre el registro imparcial de estas reuniones. Mi sistema ha sido mejorado y perfeccionado gracias a…

El mamu clava una uña en mi papel mágico.

Soy incapaz de sentir dolor.

D. ALBÓNDIGA: O te centras y dejas de incomodar a Argi o me veré obligado a prenderte fuego, pergamino plasta. Cambia el término que no le gusta y seguimos.

Mis disculpas. Prosigamos:

Los comparecientes, en las calidades con que actúan, reconociéndose la capacidad legal necesaria para formalizar este contrato privado de relación vasallo-señor…

D. ARGI: ¿Vasallo? ¡¿Vasallo-señor?!

D. ALBÓNDIGA: ¿Tampoco te gusta?

D. ARGI: Es que ser llamado vasallo es un poco… Comprendo que quizás es un tema cultural vuestro, pero para mí… No sé.

El deitzaie vuelve a mostrarse incómodo y dudoso. Se muerde el labio de nuevo. No quiere incomodar, pero lo está haciendo.

D. ARGI: ¡De verdad, que yo no quiero…!

El deitzaie se queda sin palabras y suspira.

D. ARGI: Bueno…

D. ALBÓNDIGA: No te preocupes, Argi. Los términos son lo de menos, de verdad. Por mí no hay problema. En lugar de vasallo podríamos usar prisionero, esclavo, sumiso, sometido… A mí todas me suenan bien.

El rostro del deitzaie se desencaja. Quizás se le salgan los ojos de las cuencas.

D. ARGI: ¡A mí todas me suenan mal!

Los comensales de las mesas cercanas dejan su comida y sidra de lado y se giran para identificar la fuente del estridente grito que ha entorpecido sus veladas. La encuentran.

Se trata de Don Argi.

D. ARGI: ¡Lo siento, lo siento! No pretendo molestar, disculpadme. Bajaré la voz.

El deitzaie vuelve a estar claramente incómodo. Se muerde el labio.

El mamu muestra una repentina expresión seria.

D. ALBÓNDIGA: Lo estás haciendo otra vez. Deja de morderte el labio.

El deitzaie parece sobresaltado.

D. ARGI: ¿El qué?

D. ALBÓNDIGA: El labio. Deja de morderte el labio.

El mamu aparta la mano del hombro del deitzaie.

Se masca la tensión.

D. ALBÓNDIGA: ¡Te vas a hacer daño si sigues así!

Falsa alarma.

D. ARGI: Ay, tienes razón. Disculpa. Es que… No sé.

El mamu se muestra preocupado.

D. ALBÓNDIGA: ¿Qué ocurre, Argi? De verdad, los términos son lo de menos. Podemos dejarlo en esclavo, así te guardas las espaldas.

D. ARGI: ¡No es eso! Y esclavo no, por favor te lo pido.

D. ALBÓNDIGA: ¿Entonces…?

El deitzaie no es capaz de mirar al mamu a la cara. También ha dejado de leer el acta.

D. ARGI: Es que, todo este tema del contrato… Sé que para ti es importante, pero no lo veo claro. La necesidad de firmar un contrato para poder tener una amistad con alguien…

El mamu arruga la nariz al escuchar el término «amistad».

El deitzaie no se percata.

El mamu me lanza una mirada de advertencia.

Advertencia archivada.

D. ALBÓNDIGA: Para poder viajar al plano y temporalidad que queramos, los mamu necesitamos un contrato que nos vincule al lugar y periodo concreto. Sin él, me sería casi imposible llegar al sitio y tiempo adecuados si quisiera visitarte. Los viajes interplanares son demasiado caóticos, e invocarnos requiere una gran cantidad de energía mágica, como sabes. Y, si no he entendido mal, no tienes muchas ganas de volver a hacerte con más esferas de energía mágica.

D. ARGI: Hombre, robar está mal.

El mamu se encoge de hombros.

D. ALBÓNDIGA: Esa es tu opinión. Y la respeto.

El deitzaie frunce el ceño.

D. ALBÓNDIGA: Piensa en este contrato como el billete de tren que me permite venir a visitarte y quedarme por un tiempo. ¡Y sin tener que robar, que está mal! Como unas de esas, como sea que las llaméis. Cuando se va a visitar lugares por placer.

D. ARGI: ¿Vacaciones?

D. ALBÓNDIGA: Eso mismo. Tómalo como un contrato vacacional, por ejemplo. ¿No te gustan las vacaciones?

El mamu pretende engañar al deitzaie de forma poco sutil.

Parece que funciona.

El deitzaie alza la mirada. Parece más seguro.

D. ARGI: Claro, a todo el mundo le gustan las vacaciones.

D. ALBÓNDIGA: ¡Claro! Y estas vacaciones vienen con muchas ventajas. ¿Por qué no ignoramos el detalle de los términos y proseguimos? Estoy seguro de que las cláusulas del contrato te parecerán muy interesantes, ¡son todo ventajas! Las miramos, firmamos, pedimos más sidra y seguimos pasándolo bien.

El mamu sonríe de forma arrebatadora.

El deitzaie cae de lleno en la trampa.

D. ARGI: Vale, sí, tienes razón. Quizás le esté dando demasiadas vueltas. Entiendo que esto es una especie de… ¿Tema cultural de los mamus? Y yo quisiera respetarlo, por supuesto.

D. ALBÓNDIGA: Eso es, algo así, sí. Pergamino, saca una copia de las cláusulas para que Argi pueda verlas. Son cosas muy normalitas, Argi. Estándar. Con que las leas por encima vale. O ni eso. Tú no te preocupes.

El deitzaie recibe una copia de las cláusulas estándar y procede a su lectura en voz alta.

D. ARGI: Vale, vamos a ver…

Obligaciones legales del vasallo:

  • 1.1. El vasallo obedecerá las normas establecidas en el Apéndice 1 de este contrato.
  • 1.2. El vasallo tomará las medidas necesarias para cuidar de su poder y en todo momento mantendrá informado al Señor de cualquier problema de índole mágico que pudiera surgir

El deitzaie para de leer. Parece dudar.

D. ARGI: Esto empieza a sonar un poco raro…

D. ALBÓNDIGA: ¡No te preocupes! Es lo habitual, de verdad.

  • 1.3. El vasallo servirá al Señor en todo aquello que el Señor considere oportuno y debe hacer todo lo posible por complacer al Señor en todo momento.

El deitzaie deja caer el pergamino y, tras abrir la boca de forma muy, muy lenta, exclama:

D. ARGI: ¡¿Perdona ¡¿QUE QUÉ?!

El resto de comensales vuelven a ser molestados. No parecen contentos.

El deitzaie no se percata. Está demasiado alterado.

El mamu parece confuso.

D. ALBÓNDIGA: ¿Qué ocurre, Argi? ¿Estás bien?

D. ARGI: ¡No, no estoy bien!

El deitzaie echa un rápido vistazo a la lista de cláusulas al completo. Pierde los papeles de forma literal y figurada.

D. ARGI: Todas estas… Cláusulas y cosas…

D. ALBÓNDIGA: ¿Qué les pasa?

D. ARGI: ¡Que esto es un contrato como de…! ¡Como de…!

D. ALBÓNDIGA: ¿De…? ¿De mamu?

D. ARGI: ¡No! ¡De…! ¡De no sé! Puede que para vosotros, los mamu, esto sea lo «estándar». Lo normal. Pero, para mí… Esto no es aceptable. Lo siento mucho, Al. No puedo firmar. Lo siento de corazón.

El mamu parece genuinamente sorprendido y… triste.

D. ALBÓNDIGA: Yo también lo siento mucho, Argi. No pretendía hacerte sentir mal.

El deitzaie se muestra molesto, apenado y culpable en una rápida y diversa sucesión de expresiones faciales.

D. ARGI: Lo sé, lo sé… Es solo que… ¿Cómo podías pensar que aceptaría hacer todas estas… cosas? Yo no querría que un amigo se viera en esta tesitura, bajo ninguna circunstancia. Lo que significa que tampoco es bueno para mí.

La expresión del mamu se vuelve ilegible. Tras unos segundos, muestra los dientes en una enorme sonrisa.

Se levanta de la mesa para acercarse más al deitzaie y señala varias cláusulas.

D. ALBÓNDIGA: ¡Todas estas cosas las tengo que hacer yo, Argi! Esta, esta y esta, y también esta. Todas, ¡claro está!

El deitzaie parece haberse quedado sin palabras. Nuevamente.

D. ARGI: ¿Eh?

D. ALBÓNDIGA: ¡Claro, Argi! Las cláusulas que te corresponden son estas, la del Señor. ¿Pero, sabes qué? Tienes razón. No tienes por qué tener que hacer nada de esto para tener una amistad conmigo. Me parece más que justo, ya que soy yo quien te está pidiendo firmar un contrato. Así que, ea. Nos libramos de ello.

D. ARGI: ¿Eeeh?

El mamu procede a romper la hoja de cláusulas del Señor.

Menudo sacrilegio.

D. ALBÓNDIGA: ¡Listo! Ahora podemos firmar, ¿verdad? ¡Solucionado!

El deitzaie está petrificado. No da señales de vida.

El mamu aguarda con una sonrisa.

Los comensales parecen aliviados.

Tras un largo rato de silencio, el deitzaie vuelve a tener pulso.

D. ARGI: No.

D. ALBÓNDIGA: ¿No?

D. ARGI: No, Al. No. No quiero que tengas que hacer ninguna de estas cosas.

El mamu se muestra confuso.

D. ALBÓNDIGA: ¿Ninguna?

El deitzaie niega con la cabeza. Por primera vez, se muestra seguro.

D. ARGI: Ninguna. Ni una sola.

D. ALBÓNDIGA: ¿Ninguna?

D. ARGI: Ninguna.

D. ALBÓNDIGA: Ni siquiera…

El mamu señala una de las cláusulas.

El deitzaie se ruboriza. Carraspea.

D. ARGI: No, no hace falta. ¿Es posible firmar el contrato y crear el vínculo sin…? ¿Sin nada?

D. ALBÓNDIGA: ¿Sin nada?

D. ARGI: Sin cláusulas, me refiero. Sin que nadie esté obligado a hacer cosas que quizás no le apetecen. Solo para que tengas un ticket de ida y venida. Eso lo firmaría sin dudar.

Es el mamu el que duda.

Semejante tipo de contrato sería posible.

Inútil y una pérdida de mi valioso tiempo.

Pero posible.

D. ALBÓNDIGA: Sería la primera vez que firmo un contrato así. Que cualquier mamu firma un contrato así, me atrevería a decir. Al fin y al cabo… Somos seres muy poderosos, Argi. Más de lo que podrías imaginarte jamás. La necesidad de marcar límites a algo así es puro instinto de supervivencia, y el querer aprovechar el poder para beneficio propio, pura naturaleza humana. Por supuesto, nosotros también sacamos beneficios de este tipo de tratos, más allá de pasaje al plano de turno.

El deitzaie se encoge de hombros.

No ha entendido nada.

D. ARGI: No pongo en duda que seas un ser extremadamente poderoso, Al, y estoy seguro de que posees un poder inmenso. Pero eso ya puedes controlarlo tú, ¿cierto? No hace falta tener cláusulas de ningún tipo. Me fío.

D. ALBÓNDIGA: Te fías.

D. ARGI: ¡Claro! Me fío. ¿Cómo podríamos ser amigos si no me fiara?

Amigos. Jé.

Curiosamente, el mamu parece convencido.

Menudo giro de acontecimientos.

D. ALBÓNDIGA: Está bien, Argi. Firmemos el contrato en los términos que propones. Secretario, ya sabes.

El deitzaie y el mamu han llegado a un acuerdo y proceden a la firma del contrato.

El deitzaie y el mamu son dos especímenes únicos.

D. ALBÓNDIGA: Aunque, la verdad… ¿Seguro que no quieres quedarte con esa cláusula? Esa. Ya sabes.

El deitzaie se frota la nuca y pretende esconder el rubor de las mejillas mirando hacia otro lado.

No funciona.

D. ARGI: Bueno… Solo esa, ¿sí? Ninguna más.

D. ALBÓNDIGA: ¡Hecho!

Para todo lo no previsto en este contrato, será de aplicación lo dispuesto en la Ley de viajes interplanares y magias del caos vigente en el momento de la firma del presente contrato.

 

VASALLO                                                                                                                                                                                      SEÑOR

 

Don Lord Albóndiga                                                                                                                                                                    Argi Lizasoain

 

 

 

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