Nictomante, de Aurora Ranchal

Nictomante, de Aurora Ranchal

#LeoAutorasOct | Un día, un relato | Día 30

Foto de Christian Holzinger para Unsplash

—¿Has visto las noticias? Ha salido otro como tú. Bueno, más bien lo opuesto, controla la luz. Me ha parecido que le sale de dentro, como tu oscuridad. Se hace llamar el Salvador de Luz.

—Dime que como mínimo se tapa la cara, por favor…

—No. Incluso ha dado su nombre real: Javier Alborán. Es un pez gordo de una empresa de seguridad.
—¡Oh, mierda! Se repetirá algo como lo de Minerva, seguro. Los capullos no suelen tomarse bien que les vayas detrás. Y si pareces inexpugnable joden a las personas a las que quieres… Si no llega a hacer su primera magia estaría muerta.

—¿Y bien? ¿No quieres hablar con él?
—Claro que no, pero si no lo hago a saber cómo termina jodiéndola y poniéndonos en peligro también. Ese imbécil nos traerá problemas, ya lo verás. Mañana tendré que buscarlo. Ahora quiero dormir, mi amor.

—¿No quieres que juguemos un poquito antes? No te he esperado hasta las dos para hablar del… ¿lumenomante? ¿Fotomante? No sé como deberíamos llamarlo, pero en cualquier caso no era para hablar de él…

—Opto por lumenomante. Respecto a lo otro, si no haces tanto ruido esta vez… Tu hermana nos matará a ambas si volvemos a despertarla. Mañana tiene examen, ¿verdad?


—Solo tardé media hora en descubrir, no solo donde vives, sino también tu rutina. Y ni siquiera se me dan especialmente bien los ordenadores, lucecita, así que cualquiera puede.

—Esa capucha y esa capa, hechas de neblina sombría… pensé que debías estar muerta. Resulta que simplemente abandonaste la responsabilidad que conlleva tu poder, traidora. Fuiste mi inspiración para convertirme en lo que soy, aunque siempre desconfié de ti; alguien que además de rebosar oscuridad se esconde. Solo se esconde aquel que se avergüenza.
—¡Despierta! Esto no es una peli mala. Rebosar oscuridad no tiene por qué ser malo y rebosar luz no tiene por qué ser bueno. ¿Acaso el abrazo de la noche no es reparador también para la buena gente? ¿Acaso no quema el sol, no deja ciego? ¿Acaso no busca la gente la sombra en verano y la luz en invierno? Y, sobre lo de esconderse, de eso he venido a hablar. Vas por la calle a cara descubierta con esa armadura de luz, dando tu nombre a todo el mundo. Lo que haces crea enemigos y, aunque a estos les pueda costar atacarnos, nuestros seres queridos no son invulnerables y no podemos estar siempre con ellos. Una vez descubrieron quien soy, todavía no sé como, y secuestraron a mi cuñada, que se salvó de milagro.
—Yo no tengo seres queridos. Mi familia murió.
—¿Amistades tampoco?

—Nunca he tenido

—¿Que clase de persona está tan sola?
—Aquella para quien lo primero es la sinceridad y la justicia.

—Creo que empiezo a verlo y no es lo que piensas… Te estaré vigilando.


—¿Que tal ha ido el examen?

—¿En serio necesitas preguntar?

—Otra matricula, vale. A veces puedes ser muy jodidamente asquerosa, ¿lo sabes?

—Y te encanta y lo sabes.

—Lo que decía.

—Por cierto, Alicia, nuestro padre nos ha invitado a ir a su casa este domingo, yo pienso ir. Creo que está cambiando. Aunque la idea es, evidentemente, de madre, creo que están mejorando. Aunque solo sea porque ya han perdido a dos de sus hijas por sus prejuicios. Ya incluso me llaman por mi nombre en vez de… ese maldito nombre que nunca me correspondió. ¿Vendrás?

—Yo… No puedo. Soy incapaz de perdonar que me echaran por amar a Raquel. Y aún menos lo mal que te trataron a ti por no ser el chico que creían que eras, Mine. No puedo, lo siento. Ojalá sea verdad que han mejorado, pero no soy capaz de volver a verles la cara.
—¡Que se pudran esos capullos, joder! Nunca fueron vuestros padres, no ejercieron como tales. Alicia, tu eres más madre de Mine que ellos. Su idea de cuidar a los hijos parece que sea intentar que jodan lo mínimo posible y comprar su afecto con regalos carísimos pagados con el sudor de la frente de sus trabajadores. Os jodieron vivas a ambas. Tú la cuidaste hasta que te echaron y la has seguido cuidando cuando tuvo que fugarse. Aun recuerdo el horror de aquello. ¡Se pasaron tres pueblos, joder!
—Tienes razón en todo lo que dices, cielo, pero a pesar de todo, y a pesar de que no pueda perdonarlos ni verlos, siguen siendo nuestros padres y los seguimos queriendo.

—Lo sé, joder, pero no lo merecen.

—Hola, hi… No me mires así, Penélope, que no iba a cagarla. Hola, hija.
—Hola, cielo.

—Hola padre, hola madre.

—¿Padre, madre? Donde está nuestro mamá y papá.
—Lo perdisteis cuando me obligasteis a huir de casa y no volver por salir con un vestido y obligarme a esconderme durante años. Pero estoy aquí porque quizás podamos arreglarlo.

—Niña, no seas imper…

—Déjalo, Pedro. La tratamos mal, tiene razón. ¿Quieres perderla como a Alicia, que ni se ha presentado? Ven adentro, cielo, el cocinero ha preparado tu plato favorito. No nos odies, por favor.
—No os odio. Aún os quiero, aunque he llegado a querer no quereros. Sé que vosotros también nos queréis a Alicia y a mí, a pesar de vuestros errores. Os quiero, esa es la verdad.

—¿¡A pes…!? Bueno, supongo que podemos partir de ahí. Pero espero que seas consciente del daño que hacen estas cosas al prestigio de la familia y que vivimos de ese prestigio.
—Lo sé, padre, yo siempre os he entendido.
—Buena chica.


—¡Señor, es un justiciero! Tenemos su nombre, su dirección, vídeos en internet, testigos, pruebas físicas… ¡Podemos encausarlo por mil cosas! ¿A qué esperamos?

—A tener algún miembro con poderes semidivinos y una prisión cuyas paredes y barrotes sean diez veces más resistentes, chaval. Recuerda que no hace mucho abrió un boquete de medio metro en la acera con aquel traficante. Joder, tendríamos que darle una medalla, no perseguirlo, se ha encargado de más casos que todos nosotros juntos e incluso ha sacado de la calle a gente a la que ni podíamos acercarnos. Además nos deja en bandeja culpables y pruebas.
—Pruebas obtenidas de forma ilegal. No tendrían que ser válidas.

—Ningún juez se atreve a ser el que se enfrente al Salvador y ninguno de nosotros tampoco, aunque para qué querríamos el enfrentamiento. Nuestro objetivo es limpiar las calles de bazofia, que más da que lo que le pase a esta.

—Nuestro objetivo es hacer valer la ley y la voluntad del pueblo, no permitir que un tirano imponga la suya, por muy noble que se crea.

—Piensa lo que quieras, pero no vamos a abrir ningún caso contra él o las irregularidades de sus detenciones. Yo a tu edad también pensaba que esa era la justicia y la forma de cambiar el mundo y hacer lo correcto, pero el mundo está podrido y hay que estar tan podrido como él para poder cambiarlo, Daniel.


—Raquel, necesito hablar contigo.

—¿Qué pasa, Manu?

—Mi novio, para variar. Está mal, entonces necesita estar solo, entonces me preocupo, entonces me pongo mal yo también y entonces necesito estar con él.

—¿Tiene por fin psiquiatra, como mínimo?

—Sí, tienen que verse mañana. Justo cuando yo veré a mi psico.

—Bien, entonces ya verás como pronto mejora, aunque ya sabes que en estar realmente bien se tarda mucho más.

—Sí. Tienes razón.

—¿Tú donde estás, ahora mismo? Iré para allá con muchos abrazos y mimos preparados para que te mejores tu también.

—Estoy en casa.

—Voy para allá. ¿Has acabado ya el siguiente capítulo de tu cómic? Podemos aprovechar para mirarlo.


—¡Socorro! ¡Que alguien me ayude!

—¿Donde se ha metido ese desgraciado? Ha girado la esquina, tú lo has visto, ¿verdad? No puede haberse metido tan rápido en ninguna casa.

—Claro que lo he visto, pero al parecer esa rata es buena huyendo


—¡¿Que horas son estas de llegar, jovenci…?! ¡¿Que son esas sombras que te cubren?! ¡Voy a llamar a emergencias!

—No, mamá. Unos hombres de Leopoldo querían pegarme, pero de repente ni me veían ni me oían y me he dado cuenta que estaba cubierto de esto. ¡Tiene que haber sido Sombraluna! Te dije que no nos había abandonado a pesar de lo que pasó con su cuñada la última vez que nos protegió.
—Te recuerdo que nos dijo que lo de Sombraluna le parecía un nombre estúpido.

—Ya, pero lo mismo dijo del resto de nombres que le puso la gente y ella no adoptó ninguno.


—¡Socorro, que alguien me ayude!

—¡No temas, ha llegado el salvador de la luz!

—¡Lo siento, no lo haré más, me reformaré, seré bueno, me entregaré, pero, por favor, no me des una de tus palizas! ¡No lo hago por gusto, tengo que dar de comer a mis hijos y nadie me da trabajo! ¡Lo sien…! ¡AAAAAAARGH! ¡Mis ojos, no veo! ¡Me los has quemado!

—Así sí que no volverás a delinquir, maleante. Estoy harto de pararos una y otra vez a los mismos, uno a uno. No se atreverán a seguir tus pasos. ¡A partir de ahora el ciudadano honrado vivirá sin miedo!


—¡Tienes que hacer algo, Raquel, se ha pasado de la raya!

—¿El qué? Ese tarado claramente tiene práctica en combate, yo no.

—Si no lo paras tú, ¿quien lo hará?

—¡No lo sé! La única que se me ocurre que pueda es Mine y su maldito poder no es fiable. Ni ella misma tiene control sobre él. ¡Ni siquiera sé qué coño canalizaba! Simplemente le aparecieron la jodida lanza, armadura y égida de Atenea y masacró a esos capullos. Fue un jodido y macabro festival de muerte.

—Entonces, ¿permitimos que siga campando a sus anchas y destrozando delincuentes? Total, solo son escoria, ¿no? ¿A quien va a importarle?
—¡Para! ¡No puedo, no puedo, no puedo, no puedo, no puedo!
—Lo… lo siento.


—Levanta, amor, tienes que ir a trabajar.

—No creo que pueda. El mundo de fuera de la cama es una mierda.

—¿Es por el Pretencioso de luz?

—¡Mine! No me había dado cuenta de que estabas así. ¿Y por qué supones que su estado tenga que ver con ese?

—Es obvio desde el secuestro que es la que controla las sombras, por las cosas que dijeron y por cómo me salvó. Además, luego me fijé en que ese zafiro que llevas siempre en el dedo también lo llevas cuando vas con tu capa sombría. Era obvio. Así que seguramente se siente responsable de no haberlo parado aún. Pero no es tu culpa. Ya haces más de lo que puede exigirse a nadie.

—Pero tengo que hacerlo y no puedo. Es una jodida mierda.

—No se te puede convencer de que el mundo no gira a tu alrededor y esto no es tu culpa ni responsabilidad, ¿verdad?

—No, joder.

—Lo suponía, así que te traigo esto. Los datos que he recopilado de él. Es mucho más lento, no es capaz de… ¿conjurar? ¿Como lo llamáis? Da igual, no puede hacerlo sin movimientos exagerados. Eso sí, el papel puede entrar en combustión espontánea, así que puede llegar a celsius 232. Es altamente letal y… bueno, aquí tienes lo que he recopilado…

—Eso… es… ¡no muy útil, pero una idea jodidamente fenomenal! ¿Sabes que me iría realmente bien para combatirlo? Saber qué cojones canaliza exactamente ese imbécil de mierda. Cada mago canaliza partes de sí. Yo suelo canalizar mi oscuridad: mi depresión, mi ansiedad, mi capacidad de consolar, mi discreción, mi sensatez…

—¿Por qué la sensatez es oscura?

—Porque así interpreto la mía, eso también influye

—Déjame adivinar: si sabemos qué usa, canalizando cosas que anulen o destruyan las suyas, tu magia romperá la de él. Pero seguramente canalice mucho de su fanatismo y eso suele ser inmune al conocimiento y a la sensatez.

—Exacto


—¿Deberíamos intervenir? El sujeto 1532 está descontrolado.

—Prefiero que no. Ahora que hemos identificado a la poseedora del zafiro prefiero ver cómo se maneja. O aún mejor si interviene su sucesora. Tiene… potencial. Podría sernos muy útil si se une a nosotros. O un gran peligro si se nos pusiera en contra. Por eso antes prefiero estudiarlas, ver cuáles son sus intereses y dónde están sus lealtades. Nuestros proyectos podrían suponer un gran avance para la humanidad, no podemos ponerlos en riesgo.

—¿Ni siquiera una salvaguarda?

—Supongo que podemos activar el protocolo cuatro. Envía a Cecilia.


—Soy Cecilia, vuestra nueva superior.
—No nos han informado de ello.

—Esperad un momento. A ver, ¿no se supone que ya lo habías preparado?
¿Cómo que tenía que hacerlo yo? Tya sabes que detesto esto, me siento sucia…

—¿Habla sola?

—Seguramente está como una regadera, ya la saco yo.

—De acuerdo, ya me encargo. Como decía, soy vuestra nueva superior y ahora ya no recordáis nada de la conversación desde que he entrado.

—¿Que estábamos diciendo? ¡Ah, sí! Bienvenida Cecilia. Estamos a tu servicio.

—Encantada de unirme a este grupo por el caso especial «Luz».


—Interrumpimos este programa para informaros en directo de la quema de un bloque de pisos en Lérida. Los testigos afirman que este incendio se ha producido en un estallido de luz misteriosa. Los bomberos afirman que no se pueden llevar a cabo labores de rescate en las dos primeras plantas y están intentando acceder a los pisos superiores, pero el edificio podría caer en cualquier momento, aseguran.

—¿Creéis que habrá sido el capullo?

—No es su estilo. Demasiados daños colaterales. Él es directo y certero. Tenemos a alguien más. Tendré que investigar a esta persona también.

—¡Tienes que hacer algo!

—¿Cómo coño se supone que voy a hacerlo? Aunque estamos en la misma maldita autonomía, no es precisamente al lado de casa. No puedo llevar mis jodidas sombras sin estar ahí.

—Pues ya no vas a los hospitales y sigue sin haber ninguna muerte que no sea de urgencias…

—Puse unas ventanas sombrías que me permiten ver sus salas en cualquier momento que me salga del potorro.

—¿Eres tu la que rebajó las muertes hospitalarias?

—En otro momento, Mine, no hay tiempo para hablar de eso. Pues, a ver… estás viendo el edificio ahora mismo…

—Pero… de hecho… eso no… tienes razón, aunque no es como la ventana sombría, puedo intentarlo.

—Veo unas sombras, eres más maravillosa de lo que creía. ¿Por qué queríais ocultarme esto?


—Cecilia, informa. ¿Donde estaba Raquel cuando el incidente? ¿Sabes por qué hizo eso el sujeto lo-que-sea o porque estaba en Lérida?

—Estaba en su casa, como sospechas. Eso efectivamente quiere decir que con su casi nula formación mágica y método precario consiguió canalizar a esa distancia. Tiene talento, ni siquiera usó el zafiro, aunque no creo que sepa hacerlo. Él no sé por qué estaba ahí, lo vigilo menos, siempre se hace notar y no hace falta. El edificio estaba completamente vacío, así que no ha habido heridos siquiera. Por cierto, algo que sí he investigado de él es su canalización: es la más burda que haya visto en mi vida, pero su poder bruto iguala a algunas de nuestras mejores guerreras. Yo misma no puedo igualarlo.
—Por vacío que estuviera el edificio, es más peligroso de lo que creíamos. Esto no parece adherirse a su conducta, podría haber herido viandantes inocentes. Cuando esto termine, de la forma que sea, aplica el protocolo seis.

—Perfecto. Estaba esperando esta orden.
—Eso es lo que me preocupa de enviarte, a mí estas medidas no me gustan.
—Por eso me envías cuando crees que serán necesarias.


—No ha habido avistamientos de dragones y siguen siendo alucinaciones, ¿verdad? Lo vio en las ramblas.

—No sé de ninguno y si no lo sé es que no lo hay. Menos habiendo pasado por las ramblas.

—Echo de menos cuando estas cosas eran obviamente alucinaciones, pero desde que hay gente que se transforma en agua, exuda sombras, ahora la linterna humana e incluso un unicornio de verdad, el campo de la psiquiatría se ha vuelto más de locos que sus pacientes.
—Yo no. Antes de todo esto, mis investigaciones paranormales las financiaba yo y siempre llegaba al resultado de que eran bulos. Estaba a punto de tirar la toalla.


—¡Rápido, Raquel! Enciende la radio, el canal ese de investigación mágica.

—Voy.

—… posible retorno. Ya que es su gente, ya era hora que Nocheterna o alguno de los que son como ella tomara responsabilidad, que seguro que hay más de ellos escondidos en alguna alcantarilla. Los cobardes de la policía no se atreven a hacer declaraciones. Alguien tiene que parar a ese monstruo. Y si en el proceso cae otro mejor. El gobierno tendría que ponerse a buscar la manera de controlarlos, no puede permitirse que engendros así campen a sus anchas.

—¡Mierda! Solo nos faltaban gilipollas neonazis poniéndose en el punto de mira de Luciérnaga. Se merecen la mierda que les haga ese capullo.

—Y aun así los defenderás, ¿verdad, amor? Eres mejor que ellos.

—Joder, claro que sí


—Informe: El sujeto 1532 ha asaltado las instalaciones de radio del canal neonazi magófobo, personándose y exterminando uno a uno a los empleados, salvo limpieza y mantenimiento. Obviamente, antes bloqueó las posibles salidas con barreras de luz. Raquel se ha personado también y ha evitado el enfrentamiento directo. Ha creado una nueva salida y ha sacado al 97% de los trabajadores intactos. El enfrentamiento directo parece inminente e inevitable. El poder de Raquel es ligeramente superior, pero no lo suficiente para contrarrestar la desventaja de usar sombras contra luz. Su destreza en cambio es mucho superior, pero no explica cómo pudo canalizar tan lejos. Lo investigaré en cuanto termine este enfrentamiento.


—Tenías razón, Daniel, ese cabrón no debería haber estado nunca suelto.

—Usted también tenía razón, señor. No podemos atraparlo, sería perder agentes inútilmente. ¿Que podemos hacer?

—Nada… No podemos hacer nada… Así es como debió sentirse Esteban cuando la enfermedad lo iba volviendo inútil lenta e inexorablemente. Lo siento, Daniel.


—¿De verdad he estado temiéndote todo este tiempo para esto, Luciérnaga estúpida? Solo eres una jodida fuerza de destrucción sin medio jodido cerebro detrás, imbécil. Antes de terminar me habrás herido, pero eso te hará perder.

—¡Soy el Salvador de la luz, zorra traidora de sombras! Hablas con mucha confianza para alguien que no puede nada salvo ir desviando y esquivando ante el poder de mi embate.
—¿Me atacas por sorpresa y yo soy la jodida traidora? Da igual, esto termina aquí de una maldita vez por todas, mierda.

—¡Ajá! ¿Por qué no gritas de dolor? Acabo de quemarte ambas manos…

—Había desconectado sus malditos nervios. Además, he sentido dolores peores y mucho más jodidos. Como te decía, me has herido. Ahora es cuando pierdes.

—¡Idiota! No tienes manos, sin ellas no se puede hacer magia ¿Qué vas a…? ¡AAAARGH, mis huevos!

—Sigo teniendo pies, idiota. Sabía que serías tan imbécil como para no pensar que una mujer pueda hacer algo que no puedes hacer tú, aunque se lo hayas visto hacer continuamente. Los hombres como tú creéis que conociendo el largo de vuestra polla ya sabéis todo lo que hay que saber, capullos. Mira a tu espalda, solo necesitaba tiempo.

—No caeré en eso, ni podrás volver a patea… ¿Pero, qué…?


—¿Daniel, has dicho? Ese jodido chaval de allá lo ha grabado todo, en vez de tener el más mínimo sentido común y huir de donde vuelan ataques mágicos. Ya has visto la grabación. Es evidente que fue en defensa propia, tenéis pruebas de sobra de que es un delincuente y si no puede mover las manos no puede conjurar, detención trivial. El resto de cuerdas no son necesarias, me he excedido, suelo usar estos nudos de otra forma y ha saltado el instinto.
—¿De qué son estos nudos, por cierto? No son de navegación ni los conozco de nada. Lo de que la cuerda esté doblada por la mitad me resulta raro… ¿Y de qué está hecha? ¿También has dicho que te ha quemado las manos? Parecen intactas.

—¿Olvidas con quién estás hablando? Evidentemente, está hecha de sombras. Los nudos son de origen japonés y para qué los uso no es asunto tuyo. Y sobre las manos… El cuerpo es fácil de reparar. La mente en cambio no hay jodida manera, lo he intentado.
—Entonces…

—¡Déjame en paz, coño! Si no necesitas nada, quiero irme y tu curiosidad es tu maldito problema.
—Creo que puede retirarse.


—Soy Cecilia

—No me importa su nombre, agente. He estado haciendo su trabajo y ¿así me lo pagan, en serio?

—No soy agente. Bueno, sí, pero no de policía. Simplemente creo que tienes algunos derechos antes de que aplique el protocolo seis. Tienes derecho a saber cómo me llamo y por qué lo hacemos. Nos has sido útil. Has demostrado lo que la magia puede hacer incluso en manos de un inepto. Ahora la temen. También están convencidos casi todos de que usted o Raquel, la nictomante que le ha derrotado, son héroes, así que conciben potencial de hacer el bien a través de la magia. A través de sus acciones y del numerito que monté quemando ese edificio fingiendo que era tu magia, hemos averiguado muchas cosas de la portadora del zafiro. Pero esto ha terminado y eres peligroso, por eso aplican lo que eufemísticamente llaman protocolo seis. Es curioso cómo los poderosos prefieren decir cosas como «encargarse», o poner nombres en clave, cuando lo que te están encargando es un simple asesinato. No se engañan ni a si mismos. No te preocupes, no nos conoces, pero estamos en contra del sufrimiento innecesario. Será sencillo. En tres segundos sufrirás una muerte súbita: un… dos… tres.


—¿Estás bien, amor? Lo has hecho, te dije que podrías.

—Pareces triste… ¿Que ha pasado? Dímelo.

—Raquel… lo han matado los polis. Dicen que ha muerto de forma misteriosa, pero seguro que han sido ellos y lo están ocultando.

—Te das cuenta de qué significa eso, ¿no? El gobierno ha tomado partido por el miedo y el odio. Mine y tu no estáis seguras.
—¿Por qué yo tampoco?

—Porque, Mine, tu también tienes magia. Ha llegado la hora de que hablemos.

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