ANTOLOGÍA DE CACHAVA Y BOINA

ANTOLOGÍA DE CACHAVA Y BOINA

Editorial Cerbero convoca su primera antología.

Queremos traer de nuevo a la palestra el género «de cachava y boina», queremos hacer algo grande y queremos vuestros relatos. Para ello, sirvan las siguientes…

BASES:

¿Qué es cachava y boina?

Para responder a esta pregunta, hemos pedido a Juanma Santiago, un experto en la materia, que nos redactase un artículo que pusiera el subgénero en contexto. Pero se ha liado a escribir y el encargo ha acabado en 18000 palabras. Vaya, la extensión de alguno de nuestros bolsilibros. Así que le hemos pedido que nos lo resuma en unas breves conclusiones que encontraréis al final de este texto. El Gran Tocho, que es interesantísimo y es un ensayo más que necesario, quedará como prólogo del libro que editaremos con todo esto de lo que estamos hablando. Como resumen del resumen os diremos que Cachava y Boina es un subgénero con las siguientes características:

  • Ambientación rural. España profunda. Entendamos la etiqueta «España profunda» como lo que es, una manera rápida de entender un término que lleva años usándose pero, por supuesto, el concepto incluye todos y cada uno de los pueblos, regiones e identidades que conforman la Península Ibérica, así como los territorios insulares y, por si algunx quiere ponerse históricx, prehistóricx o poshistóricx, podría incluir cualquier lugar que haya formado parte de nuestro ámbito geográfico o cualquiera que la imaginación de quien junte las letras pueda ubicar en una España profunda futura o futurible. Lo importante aquí es el componente rural.
  • Con elementos fantásticos y/o de ciencia ficción. Hay muchas maneras de aproximarse a la creación de uno de estos relatos: desde el horror sobrenatural o desde el terreno de las leyendas negras, desde la ciencia ficción, desde el New Weird, la ucronía, el realismo mágico… Las posibilidades son infinitas siempre que se tenga en cuenta lo rural de la ambientación y lo que esto implica. El componente fantástico aquí bien podría ser magia, el despertar de un terror primigenio o la tecnología que hibrida lo que es humano con lo que no lo es. El terror rural, la idiosincrasia propia de nuestro imaginario popular, las leyendas que recorren nuestros pueblos (las que existen y las que podáis imaginar), la especulación científica en la intimidad de las aldeas olvidadas por el mundo moderno… pueden ser y son ingredientes esenciales para cocinar una historia de cachava y boina.

¿QUÉ QUEREMOS?

Relatos de entre 3000 y 10000 palabras que ahonden en este concepto en cualquiera de sus variantes. Que sean inéditos.
Buscamos Calidad, con mayúscula. Buenos cuentos que nos dejen boquiabiertos. Si habéis leído alguno de nuestros libros ya sabéis nuestro criterio de selección. Historias de calidad que se atrevan a romper moldes, a sacar los pies del tiesto.
Aún no sabemos cuántos relatos se seleccionarán, pero la antología estará compuesta por autoras y autores invitados y relatos seleccionados a través de esta convocatoria en igual proporción. Cuando desvelemos la lista definitiva de invitadxs estaremos en disposición de decir también cuántos relatos entrarán en total en el libro.

¿HASTA CUÁNDO?

Afilad los bolígrafos y ponedle tinta a vuestros teclados. Tenéis tiempo por delante pero no lo dejéis para el último día, que luego todo es llanto y crujir de dientes. La fecha límite de entrega de manuscritos será el próximo 30 de septiembre de 2017 a las 23:59, hora peninsular. Todo lo que entre en el mail después de ese momento quedará inmediatamente invalidado. No digáis que no lo hemos advertido.

¿CÓMO OS LO MANDO?

Sistema de plica. Lo que quiere decir que nos tenéis que hacer llegar el manuscrito en un documento Word o similar, remitido a la dirección info@editorialcerbero.com, en una tipografía legible (a nosotros nos chifla la Cambria, pero da un poco igual, que para eso es digital y la podemos poner a nuestro gusto), sin vuestro nombre real. Debéis incluir otro archivo de texto en el que aparezcan vuestro nombre y apellidos, DNI y dirección.  El el asunto del mail debéis especificar: ANTOLOGÍA CACHAVA Y BOINA. En el cuerpo del mensaje nos podéis hacer la pelota todo lo que queráis. También aceptamos jamón y galletas en los eventos en los que coincidamos.

¿CUÁNDO ANUNCIAMOS Y CUÁNDO PUBLICAMOS?

El día 20 de octubre, viernes, anunciaremos la lista completa de relatos seleccionados. O al menos lo que quede de ella, porque a lo mejor nos da por ir dando pistas poco a poco por crear hype y porque somos así de malvadxs. El libro se publicará en diciembre de 2017 para cerrar el año por todo lo alto.

¿QUÉ NO QUEREMOS?

Se puede, si se quiere, afrontar estos relatos desde la perspectiva del humor (de hecho, Amanece que no es poco es un gran ejemplo de una historia de cachava y boina) pero no es necesario en absoluto. De hecho no estamos buscando una antología de humor. Lo que no vamos a tolerar en nuestra antología es que se tome la temática como excusa para insultar o ridiculizar a nadie. Se trata de buscar la inspiración a través de una mirada introspectiva a nuestro propio pasado, presente y futuro, de poner en relieve nuestra propia historia y sus márgenes; cualquier intento de llevar esto a una burla o a la descalificación, al chiste fácil, llevará al relato correspondiente a la carpeta adecuada de nuestro ordenador. Una que se llama «papelera».

¿QUÉ PASA CON MIS DATOS PERSONALES, MALDICIÓN?

De acuerdo a la LO 15/1999, de 18-XII, de Protección de Datos de Carácter Personal, el Comité Organizador tratará los datos personales de los autores participantes a la convocatoria con la exclusiva función de mantener contacto directo con estos. Una vez acabemos y seleccionemos, los datos serán cancelados o destruidos según proceda y no serán cedidos a ninguna otra persona física o jurídica, con especial prohibición a entidades o empresas gestoras de bases de datos. En caso de duda o conflicto, será de aplicación directa la mencionada Ley de Protección de Datos. En todo caso, los autores y autoras seleccionados consentirán que sus datos de identidad puedan ser objeto de difusión pública, porque de alguna manera habrá que anunciar las cosas y preferimos que sea con bombo y platillo.

La participación conlleva la plena aceptación de estas bases. 

RESUMEN:

  • —Relatos de entre 3000 y 10000 palabras.
  • —Inéditos.
  • —Género: cachava y boina.
  • —Plazo: 30 de septiembre de 2017 a las 23:59.

A CONTINUACIÓN, Juanma Santiago nos pone en contexto con maestría todo lo que siempre quisisteis saber sobre la cachava y boina y nunca os atrevisteis a preguntar:

FANTASÍA DE CACHAVA Y BOINA,
TODOS SOMOS CONTINGENTES PERO TÚ ERES NECESARIA

JUANMA SANTIAGO

¡Todos somos contingentes, pero tú eres necesario!
 AMANECE, QUE NO ES POCO

La cachava y boina no fue una mera etiqueta más o menos graciosa que se acuñó en un momento dado (en torno a 1999 y 2000) para definir unos cuantos relatos de temáticas similares que estaban escribiendo las mentes pensantes de una tertulia particularmente activa y que contó con la visibilidad que le proporcionaban las dos publicaciones más influyentes del momento. Es, en puridad, una manifestación muy concreta de un fenómeno amplio, la fantasía y el terror rural, que cuenta con una tradición dilatada pero apenas visible, oculta por el supuesto carácter realista a ultranza que siempre se le ha atribuido al carácter español. Es una tradición que se nutre de clásicos generalmente postergados por la dictadura del canon realista español: buena parte del Romancero y la novela de caballerías tardomedieval, las Leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer, El bosque animado de Wenceslao Fernández-Flórez, Industrias y andanzas de Alfanhuí de Rafael Sánchez Ferlosio, Merlín y familia de Álvaro Cunqueiro, Historias naturales de Joan Perucho o Cuentos del reino secreto y La orilla oscura de José María Merino. Pero también es una tradición, más reciente, que reúne algunos de los ejemplos más representativos de otro género hermano, la ciencia ficción, que, en ocasiones, recurre a escenarios rurales o un tono castizo para transmitir mejor su mensaje. Valgan como ejemplos Viaje a un planeta wu-wei de Gabriel Bermúdez Castillo, Novela de Andrés Choz de José María Merino, Sin noticias de Gurb de Eduardo Mendoza, la película Acción Mutante de Álex de la Iglesia o, faltaría más, el que tal vez sea el mejor relato de la historia de la ciencia ficción española: «El rebaño», de César Mallorquí.

Como decimos, es solo una manifestación más de un fenómeno amplio en el que caben el realismo mágico, el terror rural, el neopaganismo, el greenpunk (y todos los punks que se les ocurran), el neorruralismo, la ucronía franquista, el postapocalíptico, la ciencia ficción castiza, la ciencia ficción cañí, la ciencia ficción bucólica, el género zombi, los cuentos infantiles, el folclorismo, el noir rural, la fantasía celta, el New Weird, el terror fosco y, ya puestos, hasta el realismo social.

Porque la cachava y boina siempre ha estado ahí. Con otros nombres, pero siempre en espíritu. Desde que los romanos, primero, y el cristianismo, después, arrasaran con las mitologías y ceremonias preexistentes. La pugna histórica entre campo y ciudad no deja de ser un combate secundario entre otra, milenaria, que ha enfrentado lo céltico con lo íbero, lo púnico con lo romano, lo pagano con lo cristiano. De aquí ha salido un país pretendidamente homogéneo en su catolicismo castellanocéntrico (por el idioma y el reino que aglutinó la Marca España), pero que, si rascas un poco, te deja ver un mundo mucho más rico de creencias populares que el centralismo borbónico pretendió erradicar con la excusa de la Ilustración, el romanticismo decimonónico intentó rescatar so pretexto del revival histórico que recorría Europa, el franquismo intentó purgar enarbolando las banderas victoriosas de la Una, Grande y Libre, y la España de las autonomías ha terminado de azuzar los fenómenos del folclorismo y la fantasía con tintes locales, el hecho diferencial como valor literario intrínsecamente deseable.

Este es el contexto histórico de la cachava y boina, como el de la fantasía, ciencia ficción y terror rurales y, en general, todo aquello que se aparte de la verdad inmutable de que somos un país realista y las cosas de brujas, ogros, santas compañas, ondinas, ojáncanos, lobishomes y diosas de la fertilidad disfrazadas de vírgenes son idioteces extemporáneas propias de paletos. Con ciclos de acción y ciclos de reacción. En un momento dado, la posmodernidad demostró que no, que con ellas se podía elaborar buen material literario o cinematográfico, y que además se podían incorporar otras características de la idiosincrasia cultural española, como la picaresca o el tremendismo. De este modo se generó otra dicotomía: la que enfrenta el humor gamberro típicamente español con el carácter adusto del español de pro, el tonto del pueblo encarándose con las fuerzas vivas. No es casualidad que España sea el país de esa tradición esperpéntica que abarca desde Quevedo hasta Valle-Inclán. La cachava y boina es tan hija de la espada y brujería como de la capa y espada o, ya puestos, la charanga y pandereta. Son solo atributos del español rural que la protagoniza. Tan solo cambia la perspectiva. Esas cachava y boina pueden resultarles pintorescas o apetecibles a los turistas o etnólogos que se desplazan al pueblo, pero son necesarias para el emigrante que llega a la gran ciudad con lo puesto, con ellas como únicos recordatorios de la sociedad de la que el progreso lo ha arrancado. La cachava y boina nos puede hacer sentir como Paco Martínez Soria en La ciudad no es para mí, pero también nos puede recordar que la sabiduría popular es milenaria y encierra una riqueza temática y artística que tiene poco que ver con el paisaje yermo de páramos y trigales que vemos cuando miramos el campo de la España vacía.

Ha evolucionado con el tiempo, sobre todo en el ámbito literario, pero con tres películas como referentes para otros tantos momentos de su existencia: ¿Quién puede matar a un niño? (1976), Amanece, que no es poco (1989) y El laberinto del fauno (2004). Históricamente, el medio audiovisual apenas ha interactuado con la literatura de fándom hasta bien entrada la década pasada, pero ha influido sobre esta y, como vemos, parece haber ido un paso por delante de ella.

La película de Chicho Ibáñez Serrador coincide en el tiempo con un primer estallido de obras paridas en las publicaciones especializadas en las que se plasmaba la preocupación por las raíces castizas de nuestra literatura y el contraste entre el progreso urbano y el atraso rural. Es la hornada de Gabriel Bermúdez Castillo, Enrique Lázaro, Ignacio Romeo y Carlos Saiz Cidoncha, más en clave de ciencia ficción que de fantasía o terror: eran otros tiempos.

En cuanto al film de José Luis Cuerda, se adelantó en dos años a ese pistoletazo de salida del resurgir de las publicaciones españolas que fue «El mensaje perdido», el relato de ciencia ficción castiza con el que César Mallorquí ganó el premio Aznar. (No mucho después apareció Acción Mutante, otro de los referentes de la cachava y boina, y el propio Mallorquí produjo el extraordinario «El rebaño».) La tertulia de literatura fantástica de Madrid, TerMa, fue uno de los focos que crearon las condiciones necesarias para que el fándom se consolidara y surgiera una estructura semiprofesional estable y a prueba de crisis cíclicas. Algunos de los autores de la TerMa (José María Faraldo, Daniel Mares, Ramón Muñoz, José Miguel Pallarés y Eugenio Sánchez Arrate) comenzaron a practicar, casi de manera simultánea, una fantasía que, ora con circunspección ora con humor, o bien con marcado aparato teórico o bien con buenas dosis de tremendismo, recurría a los mismos tópicos. La etiqueta «cachava y boina» se acuñó, medio en serio, medio en broma, para definir el más representativo de estos relatos, «Gómez Meseguer y el ogro Santaolaya», de Daniel Mares, y fue la coartada necesaria para agruparlos en una antología, Cuentos fantásticos de la España profunda, que, además, incluía a Elia Barceló y Javier Cuevas, aunque omitía a José Miguel Pallarés (dada su condición de seleccionador, prefirió no incluir relato) y Javier Álvarez Mesa. Pero, cuando parecía que esta antología iba a crear escuela, sucedió todo lo contrario: en subgénero desapareció. Dio la impresión de que, en vez de ser un medio para generar más cachava y boina, Cuentos fantásticos de la España profunda fue un fin en sí mismo. Ya estaba recopilados todos los relatos relevantes de la tendencia. Hala, misión cumplida. Circulen, aquí no hay nada que ver. La cachava y boina murió sin haber nacido, víctima del exceso de hype.

Quiso el destino que, justo cuando la cachava y boina literaria moría de éxito, apareciese la película que mejor la define. Guillermo del Toro profundizó en la línea que había iniciado con El espinazo del diablo, pero con mucha mayor libertad temática. La aparición de esta cinta coincidió con la dignificación y visibilidad del género fantástico en general (gracias a un fenómeno de acumulación en el que las series de Star Wars, El Señor de los Anillos, Matrix, Harry Potter y Crepúsculo consiguieron que, de hecho, el gueto fuera el mainstream), y con un boom del terror español, literario y fílmico, en particular. Este terror, sobre todo en su vertiente rural, se llevó por delante los restos de la cachava y boina; al menos, de la etiqueta. Haberla, habíala, como las meigas, pero estaba camuflada entre otras etiquetas: terror, terror fosco, ucronía franquista, novela zombi, neopaganismo, terror rural, noir rural, novela histórica, fantasía céltica o retrofuturismos varios. Por si fuera poco, aparecieron nuevas tendencias, como el New Weird o el greenpunk, que terminaron de liarlo todo. Y, de ese modo, nos encontramos con que las dos mejores novelas de cachava y boina de este siglo son una distopía postapocalíptica neorrural (Cenital, de Emilio Bueso) y una historia que suele definirse como realismo mágico (El secreto del orfebre, de Elia Barceló). Porque, a fin de cuentas, ¿qué es lo rural? ¿Dónde ponemos el límite entre núcleo urbano y núcleo rural? Es más una cuestión subjetiva que de frías estadísticas.

Por eso, precisamente porque las cosas están tan embrolladas, ahora es un buen momento para desbrozar, para rescatar toda esa cachava y boina que estuvo ahí sin que la viéramos, para que algunos se den cuenta de que en realidad estaban escribiéndola sin saberlo. Además, fenómenos recientes del «mundo real» como el neorruralismo, la filosofía maker que ha hecho eclosionar el mundillo panarra (¿qué cosa más primaria y ancestral hay que hacer un buen pan con las propias manos o ver cómo fermenta nuestra cerveza casera?) o el creciente interés por la llamada España vacía nos han hecho posar de nuevo la mirada en esa España interior, profunda y contradictoria que da mayorías absolutas ha de helarnos el corazón, pero que también nos habla un poco de nosotros y de nuestra manera de ser. Es la España en la que las ecoaldeas se yuxtaponen a los pueblos rehabilitados, y las ciudades del libro les comen terreno a las aldeas abandonadas. Tenemos una noción muy sesgada del progreso, y parte de la gracia de la cachava y boina estriba en que nos hace ver nuestras contradicciones y nuestros prejuicios de urbanitas heteropatriarcales.

Supongo que la cachava y boina fracasó, entre otros motivos, porque aún no existían las redes sociales y nos faltaron un hashtag llamativo, un foro o un grupo de Facebook. Puede parecer una tontería, pero no lo es: la cachava y boina nos habla de una comunidad en peligro de extinción, de un modo de vida que se acaba, y perdió visibilidad precisamente por no haber sabido crear una comunidad de aficionados, autores y editores que la cultivasen. Parte del cometido de la nueva cachava y boina es, pues, rescatar los relatos y a los autores de esas primeras hornadas de esta corriente, la de los años setenta y la del cambio de milenio, y añadirle nuevas voces, con nuevos puntos de vista.

La cachava y boina ya no tiene por qué seguir el canon de aquellos relatos, que tenían unas características tal vez demasiado encorsetadas: un tono nostálgico por el mundo rural que estaba desapareciendo, una ambientación histórica (generalmente, durante un franquismo idealizado, hacia el final de la etapa autárquica), la contraposición entre paganismo y cristianismo, el empleo de mitos y leyendas tradicionales, el retrato de la España profunda (con la omnipresente Guardia Civil como símbolo de la represión urbana y centralista), ciertas dosis de humor o de picaresca, un empleo conscientemente posmodernista de los recursos literarios (no olvidemos que el máximo exponente de la cachava y boina literaria es la traducción al talaverano que José María Faraldo hizo de la saga de Geralt de Rivia, del polaco Andrzej Sapkowski) y, sobre todo, un uso del lenguaje muy cercano al castellano, gallego, catalán o euskera populares: la cachava y boina es, como toda manifestación de revival histórico-cultural, una reinvención, y el éxito de esta depende en buena medida del acierto con el que se sepan captar y plasmar las raíces, el espíritu y el lenguaje de aquello que se pretende rescatar. La cachava y boina será una fantasía, un terror y una ciencia ficción leísta y laísta o no será.

Hemos visto cuáles fueron los orígenes históricos, antropológicos y literarios de la cachava y boina. Hemos descrito sus características principales, los hechos distintivos que nos permiten acotar sus difusos límites y diferenciarlos de otras manifestaciones de un fenómeno mucho más amplio, la fantasía y el terror rurales. Hemos demostrado que fue mucho más que una mera etiqueta que sirvió para que Grupo Editorial AJEC publicara una decena de relatos previamente aparecidos en Gigamesh y Artifex Segunda Época y que habían salido, sobre todo, de los teclados de autores conectados a través de una tertulia. Hemos sugerido que no está muerta, que sigue ahí, pero camuflada bajo otras etiquetas. Lo único que nos queda, pues, es hacer un llamamiento público para que sigáis escribiéndola, leyéndola y editándola.

Comments (17)

  • Ignotum Reply

    Me surge una duda al respecto… ¿El relato debe ambientarse en lo rural obligatoriamente o puede tomarse uno mas elementos del rural para trasladarlos a lo urbano?

    Por poner ejemplos y que se me entienda mejor: Una criatura del folklore vasco que se traslada a vivir a la ciudad… O unos protagonistas de la ciudad que conectan con elementos fantasticos de lo rural… ¿Entrarían en el subgénero o serían descartados?

    Gracias por leer esto y por proponer una convocatoria tan original.

    Un saludo

    8 Junio, 2017 at 8:13 pm
    • Cerbero Reply

      Se supone que lo interesante de todo esto es la ambientación rural. Si te llevas un elemento rural a NY, la cosa pierde gracia.

      28 Julio, 2017 at 11:51 am
  • Laura Moran Iglesias Reply

    ¡Buenas!

    Yo tengo un par de preguntas, ya que las bases no lo aclaran. En primer lugar, ¿se sabe cuántos relatos serán seleccionados? ¿Uno, dos ganadores; o habrá varios hasta conformar la antología? Veo que no se menciona ninguna remuneración económica para los ganadores. ¿Eso significa que los seleccionados recibirán parte de los royalties de la antología? Y otra pregunta: ¿cómo va a ir el tema de la cesión de derechos?

    Siento la metralleta de preguntas, pero es que me gusta tenerlo claro antes de participar 🙂

    ¡Un saludo, y gracias por proponer una antología tan genial!

    14 Junio, 2017 at 11:08 am
    • Cerbero Reply

      ¡Hola, Laura!

      —No tenemos claro aún cuántos relatos integrarán la antología, lo que sí pretendemos es que haya paridad de autorxs invitadxs con seleccionadxs de la convocatoria. Cuando publiquemos la lista de invitados definitiva sabremos cuántos relatos necesitamos. Calculamos que entre 12 y 16.
      —No es un concurso, sino una convocatoria, con lo que no hay «ganadores», sino seleccionados. En Editorial Cerbero nadie trabaja gratis (salvo el editor), así que evidentemente todo el que vea su relato publicado cobrará (a través de royalties) por contrato.
      —Cuando firmemos contrato veremos las cosas en más profundidad. Pero la cesión de derechos en nuestras obras suele tener una exclusividad de tan solo seis meses. Suponemos que más o menos lo mismo pasará con esto. De todos modos, incluso con el contrato firmado, todo es negociable. No nos comemos a nadie.

      Esperamos haber resuelto tus dudas. De hecho, vamos a modificar un poco el post para añadir algunos datos, como que los textos sean inéditos, que se nos pasó.

      Un saludo.

      14 Junio, 2017 at 6:49 pm
  • Mis #Literatuits favoritos – Lulu Von flama Reply

    […] He de confesar que el microrrelato con el que quedé finalista no es mi favorito de todos los que mandé. Me hubiese gustado otro, pero entiendo que este sirve al propósito promocional de la editorial y su próxima convocatoria de antología cuyo tema es #CachavaYBoina. […]

    20 Junio, 2017 at 3:06 am
  • Espantos del camino y platillos volantes | estrellas en el techo Reply

    […] unos días empecé a escribir un cuento muy rural y muy extraño para una convocatoria molona. Y, como es imposible pensar en algo rural y extraño ambientado en España sin que a una le vengan […]

    14 Julio, 2017 at 7:40 pm
  • Nina Latte Reply

    ¡Hola!

    Otra pregunta que no me ha quedado clara después de leer las bases:

    ¿pueden participar autores de cualquier nacionalidad/residencia o solo autores españoles y/o con residencia en España?

    Los que tuvimos que emigrar nos quedamos fuera de la mayoría de convocatorias 🙁

    ¡Un abrazo y enhorabuena por vuestro trabajo!

    Nina

    16 Julio, 2017 at 11:27 am
    • Cerbero Reply

      Hola, Nina. Puedes participar, claro que sí, siempre que tu relato transcurra dentro de esa «España profunda» que hemos delimitado en las bases.
      Un saludo.

      31 Julio, 2017 at 9:20 am
  • Edu Reply

    En la parte que dice que mandemos el relato sin nuestro nombre real ¿que hacemos? ¿poner un seudónimo?
    Me resulta extraño, como también pedís un archivo con el nombre completo…

    ¡Un saludo!

    24 Julio, 2017 at 8:02 pm
    • Cerbero Reply

      Es el sistema de plica de toda la vida. En un doc van tus datos personales, que no abriremos hasta que seleccionemos todos los relatos que conformarán la antología. De manera que te pedimos que nos mandes el texto sin decir tu nombre en ninguna parte, salvo en el documento de la plica cerrada.

      31 Julio, 2017 at 9:21 am
      • Uno Reply

        Hola, muy buenas.

        ¿Y cómo mandamos el documento con los datos personales y el relato en un correo electrónico sin revelar nuestra identidad? El propio remitente del correo lo revelaría. ¿Hay que crearse un correo falso aparte o pensáis alguna plataforma para el envío de los documentos tipo WeTransfer, etc.?

        Gracias.

        3 Agosto, 2017 at 11:13 pm
      • Marta Conejo Reply

        Entonces lo mejor será enviarlo desde un correo que tampoco indique nuestro nombre, ¿No? Gracias chicxs!

        7 Agosto, 2017 at 8:12 am
        • Cerbero Reply

          A ver, almas de cántaro. Prometemos no fijarnos en el remitente del mail. Basta con que haya dos archivos, uno con el texto y otro con los datos personales. Porque conforme llegan los relatos, los descargamos y los metemos en una carpeta en la que ya quedan aislados. Les damos de comer después de las doce y los bañamos con mangueras a presión. Así que no pasa nada. Ideal, ideal, sería que lo mandarais con un mail que no fuera minombreymiapellido@tomelloso.com?? Sí. Pero de verdad, de la buena, que no pasa nada.

          7 Agosto, 2017 at 12:25 pm
  • celedonio Reply

    Mire usté, yo ya le envíe unas vivencias de mi pueblo, cuando era un niño chico. ¿Le puedo enviar más anécdotas?

    27 Julio, 2017 at 3:27 pm
    • Cerbero Reply

      Puede enviar tantos relatos como quiera, si a eso se refiere.

      31 Julio, 2017 at 9:21 am

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