LA SEGUNDA DIVISIÓN DE LA LITERATURA

LA SEGUNDA DIVISIÓN DE LA LITERATURA

Hace unas semanas saltó la noticia de un tenista, Andy Murray, que por segunda vez corregía a un periodista que señalaba los logros deportivos de un hombre obviando que esos mismos logros, o mayores, habían sido conseguidos antes por mujeres. Seguí la noticia en varios medios y, en todos ellos, aparecieron comentarios de hombres con un argumento estrella; la aclaración era innecesaria porque el tenis femenino y el masculino pertenecen a categorías diferentes. Y la categoría femenina, por supuesto, es inferior.

Lo mismo sucede con la literatura. Nosotras jugamos, porque ahora ya se nos permite jugar, en otra categoría; en la segunda división. Porque, aunque estamos presentes en el mercado y en los eventos literarios, hay una parte del fandom, una parte antigua, rancia y conservadora, que nos ve como poco más que anécdotas y que se sigue resistiendo a considerar la literatura escrita por mujeres como de primera línea.

Pensaba escribir esta entrada antes de irme al Celsius, pero por diferentes motivos la tuve que posponer. Gran acierto, eso me ha permitido estudiar el festival de cerca y observar su dinámica, así que voy a comentar un par de cosillas que tienen que ver con todo esto. Vaya por delante que lo que diga aquí está basado en mi experiencia personal y teñido de mis propias interpretaciones. No pretende ser un tratado científico ni sentar cátedra de ninguna manera y soy consciente de que es susceptible de muchos matices, por supuesto. Pero de alguna manera tengo que decirlo sin que se transforme en un texto interminable.

Empecemos por el principio; en el último año (ya cuento los años por Celsius, esto no puede ser sano), han surgido en España diferentes iniciativas con la intención de dar visibilidad a las autoras dentro del género fantástico. ¿Que por qué hay que dar visibilidad a las autoras? Bueno, si te acabas de hacer esa pregunta, entonces es que estás en el paso previo a este post; lee este artículo de El Dragón Mecánico, por ejemplo, y vuelve luego. El caso es que, como decía, mucha gente ha trabajado en el último año para dar a conocer a autoras nuevas y hacer más visibles a las veteranas. Está la maravillosa revista Supersonic, en la que se reúnen autores tanto españoles como extranjeros, todos ellos de primera fila, y que tiene un cuidado exquisito a la hora de incluir mujeres en sus números. Tenemos el blog Fantástikas, un verdadero compendio de información desde el cual Lola Robles nos muestra desde hace años la evolución de la literatura de género escrita por mujeres españolas. También ha surgido La nave invisible, web dedicada al género fantástico en femenino, que se ha llevado una nominación a los premios Ignotus en la categoría de “Mejor sitio web” (y que espero se lo lleve), antologías como Alucinadas, que va ya por su tercera edición, un Premio Ripley de género fantástico para escritoras e iniciativas como AdoptaUnaAutora y LeoAutorasFantásticas. Esta misma editorial, Cerbero, nació con la intención manifiesta de publicar a mujeres (aunque también publica a hombres) y el propio festival Celsius es muy cuidadoso a la hora de promover el trabajo de las autoras, pero… ¿Y todo esto para qué?

Lo que me sale del cuerpo es decir “Para nada”, pero no sería justo. La sola existencia de tantas iniciativas apuntando en una misma dirección, ya supone un cambio. Y sí, en este país se está empezando a leer a autoras, más extranjeras que nacionales, porque también tienen más trayectoria, pero avanzamos poco a poco. Ahora bien, a lo que voy es a lo siguiente; hay una parte del fandom, esa de la que he hablado antes y que es la que “manda”, que ve todo esto bajo un cierto prisma de condescendencia. Les mola pensar que hombres y mujeres estamos en igualdad de condiciones, así que no entienden las iniciativas de visibilización de autoras. Son capaces de nombrar a un puñado de autoras “interesantes” (no al nivel de los hombres, por supuesto, pero escriben bien las chicas), o al menos al único referente claro que tienen, la grandísima Elia Barceló, como prueba de que las autoras realmente buenas lo consiguen. De las implicaciones de esa afirmación, no se dan ni cuenta; que las que no lo consiguen, son malas, obviando así todo un sistema que premia por defecto a los hombres y penaliza a las mujeres, antes incluso de abrir el propio libro. En cualquier caso, en sus cabezas la igualdad en la literatura ya existe, porque hay mujeres que publican, lectoras que acuden a eventos, editoras que emprenden… Pero oye, cuando invocan a los escritores, a esos que representan la LITERATURA (así, con mayúsculas), ¿a que no sabéis qué pasa? Pues que siempre son HOMBRES. Porque la literatura de verdad la escriben los tíos. Son los mismos que niegan los sesgos sexistas a todos los niveles, que dicen que ellos no miran el sexo del autor sino la calidad de la obra, pero resulta que la gran mayoría de lo que leen es de varones. Qué cosas. ¿Será que las mujeres escribimos peor, a fin de cuentas?

“Es que hay más oferta de libros escritos por hombres que por mujeres”, podría argumentarse. Claro, porque se publica más a los hombres que a las mujeres, lo cual ya debería dar pie a una cierta reflexión. Y a las mujeres a las que se publica, se las reseña menos también. Hay mucha menos visibilidad para una autora emergente que para un autor con su misma experiencia. Así que no, no estamos en las mismas condiciones. Y sí; tú, que “no te fijas en el sexo del autor porque solo buscas calidad”, también tienes tu parte de responsabilidad. A ver si lo explico.

Lo sé porque me pasó a mí. Yo me inicié como lectora en el género fantástico, siendo adolescente, desde la tradición anglosajona. Ahora tengo ya una edad (casi 49, por si tenéis curiosidad), así que en aquel momento tampoco es que hubiera mucho más. Leía a King, a Clarke, a Asimov… y alucinaba. Aprendí a asimilar que la buena ciencia ficción (lo que más leía) era invariablemente anglosajona. Así que cuando caía en mis manos por casualidad algún título de un autor español, la respuesta automática era apartarlo. Recuerdo incluso haber sentido una pizca de indignación, en plan “¿Pero cómo se atreve? ¡Con la cantidad de maestros que hay dentro del género!” Sí, yo tuve un pasado gilipollas. Como todos, supongo. Pero cuando empecé a conocer autores españoles, la cosa cambió, y mucho. Me di cuenta de lo sectaria e injusta que había sido, de que en realidad nunca le había dado una oportunidad a todo ese talento. Así que cambié la estrategia; como hay muchos menos autores patrios que extranjeros, me puse las pilas y empecé a buscarlos. Y no solo a los españoles, también a autores con cualquier voz diferente a aquella con la que me había iniciado. Los encontré, vaya si los encontré. Hasta que un día, curioseando en una tienda de libros de segunda mano, me di cuenta de que acababa de rechazar en modo automático, como hacía cuando era adolescente, un libro de ciencia ficción. ¿Sabéis por qué? Porque estaba escrito por una mujer. Lo mismo que me había pasado con el mundo anglosajón, me pasaba también con el género; el doble, de hecho, porque las obras anglosajonas también venían firmadas casi siempre por hombres. Así que comencé de nuevo el trabajo de anular ese automatismo. Ahora leo género fantástico de todo tipo, intento buscar cosas diferentes, gente que me cuente historias desde puntos de vista que ni me imagino, pero sobre todo intento no comprar demasiado lo que me quieren vender, para hacer hueco a lo que se supone que no vende mucho. Y de verdad que es algo que le recomiendo a todo el mundo.

Bien, pues el fandom rancio del que os hablaba, es esto. Gente que está tan identificada con sus gustos que se niega a probar cosas nuevas, o las prueba como quien come una hamburguesa en el McDonald´s, sabiendo que es solo para mitigar el hambre. Quieren sus referentes, sus estereotipos, sus esquemas clásicos, porque eso ES el género fantástico para ellos. Y cualquiera que lo cuestione, es percibido como una amenaza. Si se meten protagonistas no normativos, lo rechazan porque el autor se ha plegado a “la dictadura de lo políticamente correcto”. Si hay demasiadas mujeres o no cumplen su papel de florero, “la editorial está intentando agradar al público femenino”. Si se publica a muchas autoras, “están ahí para cubrir cuotas”. Porque, en el fondo, todo el mundo sabe que la LITERATURA la hacen los tíos, que ellos lanzan mensajes universales mientras ellas solo escriben “para otras mujeres”. Ellos muestran personajes fuertes, heroicos, impasibles, mientras que los de ellas son blanditos, complejos y emotivos. Las mujeres van a acabar con el género, ese es el gran estereotipo de todo este asunto, llevado al extremo. Y ni siquiera todos los escritores (varones) se salvan de la quema, solo los que cumplen con el actual canon de masculinidad. Los demás son disidentes y también se encontrarán con miradas de desconfianza y caminos pedregosos. Mientras, los más adorados son los considerados enfants terribles de la literatura; los rebeldes, rudos y esquivos, o que escriben sobre personajes con esas características. ¿Conocéis alguna figura femenina equivalente? Porque yo, no. Las mujeres no somos enfants terribles, solo somos histéricas. Sin más.

¿Y tiene demasiada importancia que una parte del fandom responda a este esquema, más allá de que todo el mundo –por supuesto- tenga derecho a sus propios gustos? Pues sí, la tiene. Porque resulta que ese fandom es influyente. Es numeroso y veterano, maneja los hilos del cotarro (recordemos que no hay cambio que valga si no hay compradores que apuesten por ello) y cuenta entre sus filas a figuras prestigiosas del mundillo, algunas incluso que reseñan o editan. Visitad algunas de sus webs y comparad, a ver si se reseña más a hombres o a mujeres. Seguid la trayectoria de la publicación de libros escritos por hombres y por mujeres, con un nivel literario aproximado (sí, ya sé que esto es subjetivo) y fijaos en quiénes tienen más entrevistas, de quiénes se habla más en los medios, a quiénes se cita sobre todo, incluso cuando ambos comparten mesas redondas en eventos. Hacedlo, porque vais a flipar.

Este año fui al Celsius con el chip sociológico puesto en la cabeza. Había público de todo tipo, algo más de hombres que de mujeres, quizá, pero la cosa estaba bastante igualada. Excepto en los eventos con una marcada connotación femenina. Estuve en tres con estas características y lo que vi fue lo siguiente:

  1. Encuentro, fuera de programa, con Lisa Tuttle, Elia Barceló y Gabriella Campbell. Promovido por La nave invisible, ya sabéis, la web que da visibilidad a las autoras. El sitio se llenó, pero el público masculino era aproximadamente un 30%.
  2. “Conociendo a FemDevs”, evento para dar a conocer una asociación de mujeres que gira en torno al mundo de los videojuegos y la creación de espacios seguros. Aquí el público sí era aproximadamente un 50% de hombres, pero tengo mis dudas sobre el motivo real de esta audiencia; sobre todo porque las actividades siguientes también eran sobre videojuegos (ámbito tradicionalmente masculinizado) y por algún comentario que llegué a escuchar, como el de un chico que dijo por lo bajo, en tono jocoso, “A mí lo que me mola es crear espacios inseguros”, con las consiguientes risitas de sus acompañantes.
  3. Presentación de Alucinadas 3, antología de relatos escritos por mujeres. No creo que el público masculino llegara ni al 10%.

No interesa. No interesamos a ese fandom del que os hablo. La literatura escrita por mujeres sigue teniendo un target femenino y da igual lo que escribamos. Tenemos nuestro propio parque jurásico metido en casa. Uno en el que un autor dice que ha elegido una protagonista femenina para su novela porque en esta ocasión quiere hacer algo “más emocional”. En el que otro afirma que “la gente tiene ahora la piel demasiado fina” porque ya no se pueden decir cosas como “marica” y se le ríe la gracia. Un fandom en el que un ponente le quita méritos a una autora clásica alegando que su obra es consecuencia directa de los hombres que la rodeaban y todos tan contentos. Ese es el nivel.

¿Pero sabéis una cosa? Hay esperanza. Lo he visto. Hay un nuevo fandom al que no le van todos estos estereotipos grabados a fuego. Les chirrían las historias con protagonistas hipermasculinos y mujeres sumisas o decorativas, y aprecian la diversidad y un enfoque novedoso en los relatos. Y el género fantástico es maravilloso para hacerlo. Así que, si queremos cambiar de verdad la situación de las mujeres en la literatura, dejemos ya de preocuparnos por adaptarnos al mercado. El mercado, o una parte del mercado bastante poderosa, no nos quiere y no nos va a querer nunca. Creemos nuestra propia idiosincrasia, démosle una voz propia a todo ese universo que nunca ha sido contado. Sin complejos y con valentía. Hay una versión del mundo, de este y de los que no existen, que todavía está inédita porque nos hemos empeñado en seguir unos cánones que no compartimos. Pongamos un punto y aparte y creemos de verdad cosas nuevas. Y con ellas, cambiemos también el mundo.

Comments (5)

  • Dario Reply

    Muy buen articulo. El rechazo a lo no anglosajón que yo mismo tenia (tengo aún, vaya) es algo de lo que me di cuenta hace tiempo, pero que apenas he paliado. Sin saber porque, cuando escoges lectura, acabas escogiendo algo anglosajón. Por ejemplo, a pesar de considerarme un aficionado a la CF, no había leido a Cesar Mallorquí, y estoy ahora con El Circulo de Jericó gracias a esta misma editorial. Y claro, según lees algún relato, te quedas mirando el libro y pensando como lo has esquivado tanto tiempo, y que más puedes haberte perdido. Es más, ¿por que me llama menos leer El problema de los tres cuerpos

    Más aún me me ha costado admitir el sufrir de no colocar a las autoras al mismo nivel…pero si miras tu biblioteca hay que rendirse a la evidencia: hasta hace muy poco solo estaba Bujold. Y a pesar de ser consciente es fácil caer en ello: Tengo el siguiente en la pila a The Fifth Season, pero me costó comprarlo. No se porque dudaba: una reseña que me llamaba, muy buenas críticas… si en otro no dudaba, ¿porque aquí si?

    Y relacionado con lo primero que comento, otro rechazo ilógico que admito sufrir es al relato y novela corta…los tiene uno en la cabeza como menos serios, y nunca se me ocurria comprar una antología…en el último año he leido 3 (las primeras en mi vida) y ha sido una revelación.

    Es acongojante pensar que a pesar de considerarte no machista y sin perjuicios, caes en todas estas cosas o te cuesta salirte de este camino… también creo que, afortunadamente, es un camino de no retorno, tanto el hecho de que una vez que empiezas a leer otras cosas es una bola de nieve, y cada vez te cuesta menos vencer otros prejuicios, como el hecho de que estas cosas se generalizarán. Es decir, cada vez habrá más autoras, más diversidad, mas tipos de sexualidad, etc… es una pelea larga, pero solo tiene un camino. ¡Animo!

    28 Julio, 2017 at 4:30 pm
  • L. M. Mateo Reply

    Es curioso cómo me he visto reflejada en tus palabras, Nieves.
    Soy algo más joven que tú (38 en breve), pero mi proceso de selección literaria ha pasado por las mismas etapas.
    Empecé a leer fantasía y ciencia ficción con diez años, pasé por la fase de no querer leer a nacionales del género (¿cómo osaban tratar, siquiera, estar a la altura del mundo anglosajón). Superada esta barrera y, al igual que tú, un día descubrí que dejaba dos libros de fantasía sobre la estantería por ser de mujeres y, además, nacionales. Así que me reñí a mí misma y los compré. Y descubrí a Laura Gallego. Y más allá de ella reí, y lloré y me emocioné con la cara fantastica (en el sentido literario y adjetival) de nuestra Ana María Matute.
    Tal vez muchos de esos prejuicios sean resultado directo del periodo de la historia que nos tocó vivir, en el que las mujeres se abrían un espacio en la España postdictadura y donde no estaba bien visto que leyésemos novelas destinadas a un público masculino. No hablemos ya de si nos gustaba la ciencia, la informática, los juegos de rol y los videojuegos.
    Veo cambios en ese sentido y me alegro por las futuras generaciones, pero aún nos queda un largo camino por recorrer. Espero que nuestras generaciones lleguen a ver la meta final.

    28 Julio, 2017 at 4:37 pm
  • Teresa Mira Reply

    Como siempre, una maestra. En el centro de la diana. Válido para España y para el mundo entero.

    28 Julio, 2017 at 7:22 pm
  • Rafa de la Rosa Reply

    Si te aplaudo más fuerte, Nieves, se me caen las manos.
    Y las necesito para darles collejas al fandom rancio que ambos odiamos.
    Gracias a ti por este artículo tan maravilloso, gracias a Cerbero por confiar en las autoras y mandar a tomar por saco a los Señores que quieren su mierda de siempre escrita por otros Señores.
    Ya va siendo hora de una revolución.
    Y la revolución será con mujeres o no será.

    28 Julio, 2017 at 11:23 pm
  • Juana rivillas Reply

    Fantástico artículo Nieves, cuanta verdad en tus palabras. Gracias por Nieves, un placer leerte.

    13 Agosto, 2017 at 6:07 pm

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