SUERTE. ESPERANZA. GENEROSIDAD.

SUERTE. ESPERANZA. GENEROSIDAD.

Hace casi una vida que terminó el Celsius, el famoso festival de la amistad, el punto de encuentro entre autores, lectores, editores, libros y cervezas. La experiencia fue muy positiva y la repetiré en cuanto pueda. Vamos, en julio de 2018.

Es un privilegio poder escuchar a grandes creadoras, a autoras de literatura de género. Todavía recuerdo la risa histérica que despertó Anne Leckie entre el público al decir que ella no esperaba un gran éxito cuando publicó su primera novela, que le bastaba con vender algunas decenas de miles de ejemplares. En fin, los mercados son diferentes en cada país y el nuestro es el que es.

Sí, el mercado literario español es escaso, competitivo, injusto y de muy difícil acceso. Creo que a nadie se le escapa ninguna de estas cosas. Todos sabemos que se gana más sirviendo comida rápida en un restaurante de logo colorido que escribiendo novelas. Es esta una realidad que no puede obviarse, así que lo voy a escribir con mayúsculas para que nadie piense que creo lo contario: VIVIR DE LA LITERATURA ES MUY DIFÍCIL, CASI IMPOSIBLE.

En este pasado Celsius asistí a varias charlas y mesas redondas y salí de varias de ellas con la sensación de que a algunas autoras se les escapaba la mejor parte de esa frase que acabo de escribir en mayúsculas. Porque al menos la mitad de ellas hablaron de técnicas de venta, de marketing para escritores y, lo que más duro me resultó escuchar, de la necesidad de encontrar un trabajo alimenticio que permitiera a los jóvenes que quieren hacerlo, dedicarse a escribir.

Dicho así parece un buen consejo ¿verdad? Prepara una carrera o aprende un oficio que pague las facturas y que te permita escribir. Parece razonable. Sin embargo es una razonabilidad peligrosa y un discurso que personas con gran influencia sobre sus lectores deberían cuidarse de dar.

Mi caso particular se resume en que buscarme un buen empleo, uno que no me molestara en exceso, que me proporcionara un sueldo suficiente para pagar la hipoteca, comer y vestir ha derivado en una baja por ansiedad. Mi salud mental se ha resentido porque he estado fingiendo durante años que era una persona que no era. Años. Una vida completa. Más o menos desde los veinticinco, esa edad que ahora tienen los hombres y mujeres jóvenes a los que se les da el consejo de marras.

Los primeros síntomas de la depresión no se hicieron de rogar y aparecieron pronto en forma de irritabilidad y sensibilidad extrema. Cuando no estaba enfadada estaba llorando por las esquinas. Pero me han educado para resistir, así que aguanté tanto como pude, unos cinco años, los cinco últimos, hasta que me di cuenta de que me parecían mucho más atractivas las azoteas con pretiles bajos que las acristaladas e inaccesibles. Entonces pedí una baja.

Con ese bagaje me parece que hay una manera mucho más razonable de acercarse a la premisa que manejaba un poco más arriba: VIVIR DE LA LITERATURA ES MUY DIFÍCIL, CASI IMPOSIBLE.

Centrémonos en el CASI, no en el imposible.

Porque el hecho es que hay personas que viven de sus libros.

Estoy de acuerdo en que no se puede soltar a los jóvenes al borde de un abismo y animarles a que den un paso adelante sin explicarles que eso es un abismo. Pero no es menos reprobable engañarles acerca de la supuesta libertad que hallarán si le dan la espalda a ese abismo.

Porque la libertad no existe. Ni siquiera somos libres para elegir entre comer o no comer. Debemos alimentarnos para continuar con vida. Eso nos obliga, en el mundo en que vivimos, a encontrar un modo de procurarnos esa comida. No parece que ese sea un paso del proceso que podamos saltarnos. Así que hay que encontrar la manera de hacer que todo lo que no es nuestra pasión merezca la pena. ¿Cómo? Volcándonos en una obra literaria que haga soportables las horas que pasamos alejados de las páginas que nos quedan por escribir.

Sé que esto es contrario a muchas de las cosas que se enseñan ahora, pero no importa el mercado. De verdad que no. No importa que estén de moda los zombis o los vampiros. Si quieres escribir de la mutación de los kiwis y de cómo invadieron la tierra, hazlo. Porque si el cuerpo te pide kiwis y tú le das zombis, esa libertad inexistente se convertirá en una soga, la soga se aferrará a tu cuello y dejarás de respirar.

Lo sé porque yo dejé de respirar.

Es injusto que os digan por una parte que debéis ser profesionales impecables de oficios alimenticios y por otra que hagáis un estudio de mercado para ver si vuestra obra se va a vender. Es injusto que autoras de renombre, autoras que respeto y admiro, autoras con una trayectoria que las avala, os digan que no podéis ser como ellas.

Sí, será excepcional quien consiga ganarse la vida con sus escritos; y precisamente por eso es necesario escribir con pasión absoluta. Porque hay algo que hace completamente imposible que triunféis en la literatura: que no escribáis. Bien porque la vida os haya devorado o, lo que sería todavía peor, que escribieseis sin convicción, acerca de algo que no os interesase.

Anne Leckie hablaba de arriesgarse: le dijeron que jamás vendería Justicia Auxiliar, pero de todos modos transformó su primer relato corto en una novela. Y la vendió. Nos la vendió a nosotros. Lisa Tuttle renunció a su trabajo y se puso a sí misma en una situación que la obligaba a escribir. Y son grandes mujeres. Grandes autoras. Autoras y mujeres respetadas pero que, sobre todo, se respetan. Autoras y mujeres generosas a quienes no les importa confesar que tuvieron suerte.

La suerte es un factor importante. Es mezquino y pequeño no abrir la puerta de la esperanza para permitir que se cuelen esos gramos de suerte. Porque al final, con trabajo alimenticio o sin él, la suerte también cuenta. Por eso VIVIR DE LA LITERATURA ES MUY DIFÍCIL, CASI IMPOSIBLE, PERO POSIBLE AL FIN Y AL CABO.

La noticia que llevo anunciando unos días y que Cerbero me permite alojar en su blog es esta: SOY ESCRITORA. 

En un momento en el que la consigna es dedicarse a cualquier otra cosa yo he colgado los aparejos de mi oficio alimenticio y me he dado de alta en el epígrafe de artistas del régimen de cotización de autónomos. Porque soy escritora, llevo siendo escritora 31 años.

Os animo a que hagáis lo que sea necesario para no perder 31 años siendo otras cosas. Alguien tiene que hacerlo.

Comments (3)

  • Adonita Reply

    Hay que tener huevos pero si hay posibilidad creo que hay que intentarlo, sino te pasaras la vida preguntando “¿y si…?

    22 septiembre, 2017 at 11:12 am
  • Laura Reply

    Yo me he pasado 6 años sin apenas escribir y leer porque tenía que estudiar. Me dediqué a la carrera al 200%. Sacaba notazas, sí, iba a curso por año, también. Y con todo eso acabé con depresión, pensando en dejarme atropellar por el primer coche que pasara y autolesionándome. No entendía por qué. Poco a poco lo he ido entendiendo. Quizá no sea capaz de dedicarme a la escritura al 100% ahora mismo, pero tampoco puedo tener un trabajo que ahogue por completo mi tiempo y ganas de escribir. Simplemente, no puedo.
    Así que te entiendo, te entiendo mucho, y espero que tengas toda la suerte del mundo y que puedas vivir de ello. Un abrazo enorme, Alicia.

    25 septiembre, 2017 at 10:02 pm
  • Lady Ovejita Reply

    Madre mía. No te puedes hacer una idea de cómo me he sentido identificada contigo al leer este artículo.
    Es verdad que nos educan para aguantarnos con todo nos haga o no felices, y si se te ocurre quejarte es que eres una blanda o una malcriada. En fin…
    Luego nos extraña que medio país esté con ansiolíticos.
    ¿De la literatura no se puede vivir, ni del arte, ni de la filosofía? Ok, vale. En el primer Celsius le oí una respuesta buenísima a un escritor cuando le preguntaron eso mismo: Depende de cómo quieras vivir.
    Pues eso. ¿Del Derecho, de la contabilidad, de la hostelería se puede vivir? La respuesta es la misma. Depende de cómo quieras vivir.

    1 octubre, 2017 at 8:29 am

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