TRES LECTURAS NO REALISTAS PARA TIEMPOS DE CRISIS

TRES LECTURAS NO REALISTAS PARA TIEMPOS DE CRISIS

1984, de George Orwell

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Se lee por ahí que la novela de ciencia ficción 1984, de George Orwell, publicada a mitad del siglo pasado, vuelve a ser superventas en EEUU. Se añade que ese nuevo interés por la magna distopía orwelliana sobre un estado totalitario que controla por completo la vida de los individuos, manipula la información y castiga a los rebeldes torturando su mente y su cuerpo se debe a la llegada al poder de Donald Trump. Sin embargo dudo que el escritor británico hubiera sido capaz de imaginar unos Estados Unidos al mando de un charlatán grotesco y ultrarreaccionario, machista y patán, que para colmo está sirviendo para lavar la cara a los dirigentes y a las sociedades europeas, que así no nos acordamos de nuestros muros, vallas con concertinas, alambradas y maltrato a los inmigrantes y refugiados que huyen de la guerra. Asimismo me temo que se hubiera removido en su tumba de haberse enterado de la enésima edición de un concurso llamado Gran Hermano, el cual, cámaras de grabación y vigilancia aparte, tiene tanto que ver con su mundo ficticio como Barrio Sésamo con el Decamerón.

Tampoco posiblemente acertaría Orwell a adivinar que en el siglo XXI la manipulación de hechos y datos, del pasado y del presente, que es constante en su creación, iba a denominarse posverdad posmoderna (lo de posmoderna lo añado yo), aunque sea lo mismo de siempre: supersticiones, pensamiento mágico, creencias irracionales, ignorancia supina y prepotencia, exasperadas y magnificadas por la capacidad expansiva de las redes sociales.

Si quien me lee no tiene nada mejor que hacer, puede echar un vistazo a este artículo sobre/contra George Orwell, «¿Quién fue realmente George Orwell? Los mitos orwellianos: de la Guerra Civil española al holocausto soviético», escrito por Albert Escusa y que es un magnífico ejemplo del uso valorativo del lenguaje. Llega a acusar a Orwell de haber plagiado otra novela, Nosotros (1920), del ruso Yevgueni Zamiatin, en la que el narrador británico se inspiró; pero de ahí a plagio hay un abismo, además de un profundo desconocimiento de la literatura, según el cual Garcilaso de la Vega sería un copión de Petrarca. Solemos creer que el lenguaje solo ataca cuando insulta, pero hay formas más sutiles, por ejemplo el uso de términos y expresiones cuyas connotaciones y hasta denotaciones son valorativas, de modo que no es lo mismo decir «simple» que «simplista» ni «idear» que «maquinar» y basta con considerar un discurso «emocional» en vez de «científico», o «impreciso» y no «riguroso» para cargárnoslo. Aunque la intención de Orwell hubiese sido por ejemplo hacer en su novela únicamente una durísima crítica al totalitarismo estalinista, considerarla “antisoviética es una visión muy pobre, porque el carácter universal de la obra ha quedado demostrado a lo largo del tiempo, y ya lo quisieran muchas otras creaciones.

El cuento de la criada, de Margaret Atwood

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Me da por pensar también que cuando la canadiense Margaret Atwood escribió y publicó su libro de ficción prospectiva o ciencia ficción feminista (a ella no le gusta lo de «ciencia ficción», lo explica Ursula K. Le Guin, así que hay que fiarse del dato), El cuento de la criada o El cuento de la doncella (The Handmaid´s Tale, 1985), no estiró su cerebro lo suficiente para imaginar que en ciudades como Madrid se celebraría (en 2016 y 2017) una «Feria de la gestación subrogada» como Surrofair.

Pero ocurre que el objetivo de la ciencia ficción no es anticipar el futuro (por mucho que se crea comúnmente eso), sino en todo caso especular sobre posibilidades y amenazas próximas o remotas pero que afectan más a nuestro presente que a nuestro porvenir. Y volvemos a constatar que la realidad supera a la literatura. De cualquier manera, esta obra de Atwood es magnífica, magistral, y plantea con implacable horror un futuro en que los matrimonios ricos de unos EEUU transformados en estado teológico (por ahora parece que Trump no pretende esto), y con problemas de fertilidad, tienen que recurrir a unas esclavas, eufemísticamente llamadas «criadas», para que gesten sus criaturas. Aquí el esposo insemina a la criada por el método tradicional, como hizo Abraham con la esclava Agar, a propuesta, cuenta la Biblia, de Sara, esposa del patriarca (de aquel parto nació Ismael y no se dice nada sobre si Agar ejerció o no su libertad de decisión en el asunto).

El actual procedimiento de gestación o maternidad subrogada, maternidad por sustitución, gestación por pago o úteros/vientres de alquiler (según se quiera usar la expresión eufemística o la más dura) resulta mucho más aséptico y digerible por sus beneficiarios y hasta por una parte de la izquierda y el feminismo. Clínicas, contratos, agencias intermediarias, abogados, padres y madres llenos de anhelo y exultantes de felicidad, mujeres gestantes de las que se cuestiona si deciden o no libremente sobre su cuerpo, y si cobrar dinero por gestar una criatura las empodera, si es señal de liberación o por el contrario una nueva forma de explotación reproductiva.

Estamos ante un reto legal y bioético de tal complejidad como son grandes las dimensiones del negocio que se esconde detrás. Un Asunto sin respuestas fáciles, porque se imbrican muchos deseos y necesidades personales (más discutible es que sean derechos), con las que hay que empatizar independientemente de que se esté a favor o en contra. No solo recomiendo la obra de Atwood, sino que sugiero escribir sobre este tema y su posible devenir en cualquier sentido, o animarse con la gestación por completo artificial, que ya ha aparecido en la ciencia ficción pero a la luz del tema de la gestación subrogada puede cobrar nuevo interés, si acaso por los problemas éticos que puede solucionar y los nuevos que crearía.

Lucifer Circus, de Pilar Pedraza

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Y como estoy recomendando algunas lecturas de géneros no realistas que plantean cuestiones candentes, quiero terminar con una mención especial a la novela de terror gótico Lucifer Circus (2012), de la autora española Pilar Pedraza. Toda la obra de Pedraza, narrativa y ensayo, merece la pena, pero si destaco este libro es porque representa muy bien el espíritu vital de la escritora y su interés por los monstruos como agentes subversivos contra la «normalidad». Pedraza es además muy queer-cuir en su ficción literaria, una feminista por fortuna nada ortodoxa. De ahí la presencia en la novela que recomiendo y en el resto de su obra de lo híbrido entre lo humano y lo animal, el mal y el bien, lo masculino y lo femenino, lo trans (transexual o transgénero), lo intersexual, lo ambiguo y la androginia. Estas condiciones han sido tan fascinantes para unxs como perversas, monstruosas y amenazadoras para otros. Pero que lo sean para el feminismo, que se resista a incluir en sus filas y su ámbito de liberación a mujeres y hombres trans y personas no binarias, que use criterios biologicistas y esencialistas bajo el pretexto de la radicalidad, que es otra cosa, me deja sin palabras, por aterrada además de indignada.

Solo me queda por ello insistir en que se lea a Pedraza, se disfrute y aprenda con Lucifer Circus. Su acción se sitúa en el esplendor de la Europa de finales del siglo XIX y principios del XX y se nos cuenta la historia de un circo con toda su troupe. La narradora, Gemma, o Chinita, es una mestiza hija de una trapecista china y de un empresario catalán que dirige el circo y gusta de encontrar novedades para su negocio que atraigan público. Eso le llevará hasta Java, donde descubrirá a Kreata, una muchacha considerada especial y sagrada que sufre de hipertricosis. Ya en Europa y de gira por diversos países, Kreata se convertirá en objeto de contemplación por parte de las gentes, de estudio para Charles Darwin y de deseo no solo para algún admirador particularmente fascinado, sino para integrantes de sectas religiosas y ocultistas que pululan por allí.

Pueden ustedes leer más sobre la obra de Pedraza en varias entradas de mi blog Fantástikas.

Termino por hoy, insistiendo en que siempre es bueno volver a los clásicos en este comienzo de siglo que ya es plenamente la época en que los escritores de antes situaban sus historias de ciencia ficción, aunque el género sigue teniendo plena vigencia, como el terror gótico, pues este último puede ser una buena catarsis para el miedo que sentimos ante los avatares de nuestros días.

Comment (1)

  • David Monedero Reply

    1984… <3
    Debo admitir que has conseguido despertar mi curiosidad con Lucifer Circus, pero es que la cola de lectura es taaaaan larga…

    8 Febrero, 2017 at 11:12 am

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